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Una madre, que vivió el suplicio de la desaparición de su hija cuenta cómo la muchacha estaba siendo inducida a la prostitución y cómo sus familiares dieron con la pista para conseguir que sea devuelta cinco semanas después.

Doña Laida (nombre ficticio), asistió al II Encuentro Nacional de Consejos Departamentales contra la Trata y Tráfico de Personas, donde estuvieron presentes representantes de nueve departamentos. Ella, al igual que varias otras familias que han vivido el drama de la desaparición de un familiar, protesta por la falta de acciones para la búsqueda de las víctimas y sanción a los tratantes.

Además del terror de la desaparición de su hija de 15 años, Laida señala que chocó contra la dejadez de las instituciones llamadas a actuar en estos hechos. Su historia además muestra el modus operandi de las redes de trata y tráfico de personas, que se divide en captación, traslado, recepción y comercio sexual.

La captaron en el colegio

Doña Laida sentó denuncia en la Policía en una zona periférica de que su hija salió del colegio y nadie había vuelto a verla. Pegó su foto por todas partes y ante la falta de acción de las autoridades, su familia contrató a un investigador privado y gestionó requerimientos fiscales para obtener imágenes de las cámaras de seguridad de los alrededores del colegio. “Vimos que mi hija estaba en un surtidor, llegó una mujer en vehículo, y ella se subió”, cuenta. ¿Por qué la chica se fue? Eso es algo que Laida recién supo meses después, cuando su hija le contó. “Como somos de escasos recursos, le prometieron que esa señora la pondría en un buen colegio, que iba a viajar, que la trataría como a su hija y hasta la convertiría en artista, para lo cual le iba a hacer cirugías plásticas”, cuenta. Para esto, un muchacho de su colegio fue quien la convenció y la contactó con la mujer.

La muchacha estuvo encerrada en una casa varios días y no tardó en darse cuenta de que lo que le prometieron era mentira.

Una noche, según le contó a su madre, la subieron a un auto y la sacaron de la ciudad y la llevaron a una casa campestre. “Ella dice que iba llorando y que no se animó a pedir auxilio cuando pasaron por una tranca donde había control policial”, cuenta la mamá.

La investigación de la familia

Cuando la familia de doña Laida identificó a la mujer que se llevó a su hija, el papá y el investigador la siguieron y supieron que estaba relacionada con un prostíbulo.

Un día, el papá recibió un ‘timbrazo’ de un número desconocido. Devolvió la llamada y como contestaron pero nadie hablaba, él les dijo que sabía que tenían a su hija, que conocía quiénes eran y les pidió que la devuelvan.

Días después, dos mujeres aparecieron en una comisaría con la muchacha señalando que la tenían varias semanas y que se había salido de su casa por supuestos malos tratos de sus padres.

“Las mujeres no fueron aprehendidas, nunca nos dijeron sus identidades; busqué ayuda en la Defensoría de la Niñez y me indicaron que lo importante era que mi hija apareció; la Policía le dijo a mi esposo que para presentar demanda era con tiempo y plata”, dice doña Laida.

La muchacha, ya con ellos, contó que un día, cuando estaba en la casa campestre, descuidó a sus captores y del teléfono de uno de ellos le timbró a su padre. Días después, los escuchó discutir y decir que tenían que ‘devolverla’.