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La expresidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner (también conocida como CFK), está siendo procesada por el encubrimiento de su gobierno a la participación de Irán en el atentado a la mutual israelita de Buenos Aires, AMIA, a raíz de la denuncia realizada años atrás por el asesinado fiscal Alberto Nisman.

Lamentablemente, el presidente Evo Morales manifestó su “solidaridad con la hermana Cristina”, sin tener en cuenta que en el sangriento crimen terrorista también murieron varios ciudadanos bolivianos, por lo que lo digno y lógico sería que el Gobierno de nuestro país aplaudiera el procesamiento de la exmandataria.

La errónea reacción de Morales es una nueva muestra de la preferencia que da el Movimiento Al Socialismo a sus amistades ideológicas, por encima del interés nacional. Algo que ha llevado a alinear al Estado Plurinacional con un club de dictaduras y regímenes híbridos con diversos grados de autoritarismo.

Este bloque incluye precisamente al gobierno fundamentalista iraní, cuyo ministro de defensa Ahmad Vahidi, buscado por la Interpol como autor intelectual del atentado terrorista mencionado, llegó a inaugurar junto al presidente boliviano la Escuela de Defensa de la ALBA en la ciudad de Warnes.

Los alineamientos equivocados también están provocándole problemas económicos a Bolivia, en parte por preferir mercados externos poco rentables (Venezuela, Cuba, el propio Irán) frente a otros más complementarios, y por otro lado por las fricciones políticas innecesarias con socios imprescindibles como Brasil y Argentina.

En el caso de Brasil, si bien la reunión reciente de Morales con Temer implicó cierto giro hacia el pragmatismo, lo cierto es que el mandatario boliviano volvió con las manos vacías en materia de exportación gasífera, persistiendo la incertidumbre sobre el futuro de los contratos con el vecino país a partir del año 2019.