Opinión

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¿Quién debe negociar la posible salida al mar?

Hace 3/26/2018 7:30:00 AM

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Creo que los bolivianos deberíamos hablar con sinceridad respecto a una eventual salida al mar. Si una negociación para intentar lograrla llegara a concretarse (y es posible que ello se logre considerando que Bolivia tiene buenos chances de ganar su demanda ante La Haya), la única vía será mediante canje territorial. Este asunto ha sido anatema para los bolivianos durante mucho tiempo, pero el realismo político nos obliga a la razonabilidad. Sin canje, no existe chance alguno. Incluso mediante compensación territorial las negociaciones estarían llenas de obstáculos.

Por lo tanto, si pedimos a Chile una franja territorial de 10 kilómetros de ancho, al sur de la Línea de la Concordia, y que llegue hasta el norte de Arica, tendríamos que ‘devolver’ a Chile una extensión similar, es decir de unos 2.000 kilómetros cuadrados. Si se suma el ‘mar territorial’, el total ascendería a unos 2.220 kilómetros cuadrados, el 0,2% del territorio boliviano.
Y el departamento que ceda esa superficie tendría que ser compensado por el Estado boliviano, por ejemplo, mediante mayores ingresos fiscales.

En ese punto se pasaría a conocer la opinión del Gobierno peruano, que tiene poder de veto, según el tratado de 1929. Sin embargo, es improbable que, tras tantos esfuerzos y atención continental, Perú no respalde una solución. Habrá mucha presión sobre ese país para que favorezca un desenlace adecuado. Nuevamente, no será fácil, pero no es imposible.

El otro tema es el ‘quién’ debe buscar ese acuerdo. Evo Morales ha tenido la virtud de iniciar la demanda marítima y ello le asegura un lugar en la historia. ¿Pero es su régimen el que debe negociar? Yo creo que, por dos razones, no debe hacerlo. La primera es por la intemperancia del presidente. Morales no puede reprimirse, lanza acusaciones a diestra y siniestra, es un especialista en ofender, en agredir, en atacar. Ello se demuestra en decenas de discursos, en sus tuits y en sus propias acciones, como dar rodillazos a jugadores contrarios. Es lógico pensar que el eventual diálogo con Chile será muy difícil, arduo y extenso, plagado de obstáculos y posibles intentos de dilación de parte de Chile, etcétera. ¿Queremos que, en esos momentos, un presidente imprudente y precipitado eche todo por la borda? Obviamente, no.

La otra razón es su ilegitimidad. Morales perdió un referendo y no tiene derecho de ser candidato en 2019. El hecho de que viole la Constitución que él le propuso al país y que le prohíbe postularse en 2019, lo pone como un mandatario al margen de la ley. Otra vez, ¿queremos que Chile utilice ese pretexto para suspender las conversaciones indefinidamente? Lógicamente, no.

Morales viabilizó una buena parte de este posible éxito, pero esta es una cuestión de Estado, como lo han demostrado los juristas del equipo boliviano en La Haya, haciendo alusión a lo realizado por decenas de presidentes bolivianos en el pasado. Como las posibles negociaciones podrían durar incluso años, un futuro presidente, cuando se haya recuperado plenamente la democracia a partir de 2020, debe concluirlas.