Opinión

Las bases de un nuevo comienzo

Hace 10/31/2018 8:00:00 AM

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El pasado 25 de octubre, el presidente de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) – Abdulqawi A. Yusuf se dirigió a la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, para presentar el informe anual de la CIJ a los 193 Estados que conforman este importante espacio multilateral. Según la práctica de la corte, en este evento su máxima autoridad sintetizó los aspectos más importantes de los casos atendidos por ella, entre los cuales se encontraba la sentencia de fondo del caso “Obligación de negociar un acceso al océano Pacífico” (Bolivia vs. Chile).

Al referirse a nuestro caso, el presidente Yusuf reafirmó que independientemente de la conclusión de la corte respecto a la inexistencia de una obligación de negociar un acceso al océano Pacífico, esta decisión no pone final a nuestra más que centenaria demanda que puede ser atendida por otros medios de solución de controversias. En este espíritu, el presidente Yusuf señaló textualmente que: “La corte agregó, sin embargo - y deseo hacer hincapié en esto -, que su conclusión no debe ser entendida como IMPIDIENDO que las partes continúen su diálogo e intercambios, en un espíritu de buena vecindad, para abordar las cuestiones relacionadas con la situación de mediterraneidad de Bolivia, cuya solución ambos han reconocido como una cuestión de interés mutuo”.

Nueva invocación que reafirma las bases de futuro para que Bolivia y Chile persistan en alcanzar un objetivo que conforme se desprende del largo contexto histórico de la disputa (Páginas 12 a la 31 de la sentencia) y en criterio de la Corte “ha marcado la relación entre Bolivia y Chile” (Párrafo 17 de la sentencia). Misma que de igual modo rectifica las dramáticas como desoladoras opiniones de quienes inescrupulosamente intentaron instrumentalizar políticamente a nuestra causa más sagrada. Bases de futuro que pasamos a explicar.

Primero, el hecho de que el párrafo 176 de la sentencia haya sido reafirmado por el presidente Yusuf “con especial hincapié” a la comunidad internacional confirma lo ya aseverado por el presidente Morales, en sentido de que la determinación de fondo de la corte sobre nuestro caso, no puede ser dividida del llamado y desiderátum que hace la corte a las partes en el párrafo 176 de su sentencia a fin de que prosigan sus esfuerzos para solucionar un asunto que según ella no fue ni expresa, ni implícitamente regido, ni resuelto por las disposiciones del tratado de 1904 (Pár. 50 de la sentencia de 2015). En este sentido, es evidente que la sentencia emitida por la corte no solo está compuesta por su parte dispositiva o decisión (Pár. 177), sino que siempre deberá ser leída conjuntamente con el párrafo 176, por el cual la corte delinea una agenda de futuro invocando a las partes a no dejar esta disputa sin solución. De otra manera, este aspecto esencial no hubiera sido reafirmado con tanto énfasis por la corte en su reporte anual ante la ONU.

Por otra parte, el párrafo 176 de la sentencia y su reafirmación por el presidente de la corte ante la Asamblea General de la ONU, ponen de manifiesto cuatro aspectos que deberán ser la brújula de futuras negociaciones entre Bolivia y Chile. Primero, que la emisión de la sentencia sobre una tesis legal en particular- la obligación de negociar- no es un impedimento para que las partes busquen una solución a esta larga controversia, y por ende que esta cuestión se encuentra irresuelta. Segundo, que en esta búsqueda deben aplicarse métodos pacíficos para la solución de controversia, que van desde negociaciones e intercambios directos hasta la constitución de una comisión de investigación y conciliación prevista en el Pacto de Bogotá. Tercero, que en esta búsqueda el principio de “espíritu de buena vecindad” debe tenerse presente para abordar la comprobada situación de mediterraneidad que afecta Bolivia; principio del derecho internacional que se decanta de la Resolución 2625 de la ONU sobre las relaciones de amistad y de cooperación entre los Estados. Finalmente, que la solución deseada por la corte emerge del hecho innegable que la cuestión el acceso al mar ha sido una constante que ha marcado nuestras relaciones, y como tal es un tema de “interés mutuo”.

Esta será sin duda la vía regia hacia un destino de paz y unidad que creemos es inevitable. En ella, ambos pueblos deberemos seguir caminando juntos, persistiendo en fórmulas creativas, rechazando negacionismos y derrotismos y sobre todo, creyendo en nuestra inagotable vocación de paz y justicia.