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Miles de brasileños volvieron ayer a las calles para protestar en más de un centenar de ciudades del país contra la corrupción y para exigir la salida de la presidenta Dilma Rousseff, cuya popularidad está en mínimos históricos pese a que solo completó 102 días de su segundo mandato de cuatro años.

Las protestas fueron convocadas en las redes sociales por los mismos movimientos que se dicen independientes de los partidos políticos y que el 15 de marzo lograron congregar a cerca de dos millones de manifestantes en decenas de ciudades.

El número de manifestantes ayer, sin embargo, fue inferior al del mes pasado, lo que fue minimizado por los organizadores e ignorado por el Gobierno, que esta vez evitó alinear ministros para dar respuestas.
Se calcula que 700.000 personas marcharon este domingo 218 ciudades de 24 estados del país, según la Policía, mientras los organizadores calculan 1,5 millones de manifestantes, de acuerdo con la información del portal G1 de Globo.

En el centro de San Pablo, donde tuvo lugar la mayor protesta el 15 de marzo y también la de ayer, había unas 275.000 personas hasta las 16:00 (hora de Brasil), dijo la Policía. Los organizadores calcularon 800.000 manifestantes, y la encuestadora Datafolha, unos 100.000.

La insatisfacción crece
“El problema no es el número de personas. Menos personas en la calle no significa menos insatisfacción. Por el contrario, puede hasta significar un aumento del desespero y la represión de una revuelta que puede ser más fuerte en algún tiempo", afirmó en su blog la líder ecologista Marina Silva, tercera candidata más votada en las dos últimas elecciones presidenciales.

Los organizadores de las protestas admitieron la reducción del número de convocados, pero advirtieron que hasta las encuestas muestran que la insatisfacción crece y la aprobación del Gobierno sigue en el suelo.
Según una encuesta de la firma Datafolha, el 75% de los brasileños aprueba las protestas y un 63% apoya que el Congreso abra un juicio político con miras a la destitución de Rousseff, cuyo índice de aprobación sigue en el 13% que tenía en marzo -el menor desde que asumió-, por su supuesta responsabilidad en el escándalo de corrupción de la petrolera Petrobras.

“Fuera Dilma”, “Fin a la corrupción” y "Fuera el PT" (en referencia al oficialista Partido de los Trabajadores) eran los letreros -y los gritos- que se repetían en todas las ciudades, aunque no faltaban reivindicaciones regionales y de grupos específicos, como profesores y sindicalistas. En general, marcharon en un total clima de paz