Opinión

Con licencia para agredir

El Deber Hace 12/2/2017 8:00:00 AM

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Como se esperaba, el traslado y el reordenamiento de los mercados han resultado complicadísimos por la insensatez de algunos dirigentes gremialistas y por la virulencia con que responden sus seguidores. Todo cambio de esta naturaleza siempre es altamente conflictivo, pero las autoridades deben mantener la firmeza que han mostrado en las últimas semanas para continuar y concluir el complejo reto de poner orden en El Abasto, Los Pozos y La Ramada. La institucionalidad cruceña y la mayoría de la ciudadanía respaldan la decisión municipal de despejar la vía pública de vendedores ambulantes y de trasladar a otros espacios mejor acondicionados a los comerciantes que se asientan donde quieren. 

Los ultimátums no se acatan porque a algunos sectores de los comerciantes les conviene mantener el statu quo para seguir reinando en el caos. Ciertos dirigentes se resisten a perder viejos privilegios y, a algunos, como el concejal Jesús Cahuana, les es ahora muy difícil controlar desde el otro lado a sus compañeros de gremio. Se conoció en las últimas horas que la propia autoridad y dirigente de los vendedores habría sufrido una agresión de los que ahora rechazan el reordenamiento del Abasto. 

Por supuesto que es imposible dialogar con comerciantes que han decidido combatir a la norma y a las autoridades, como siempre lo hicieron, sin ningún tipo de sanción. Con ellos no ha podido casi nadie y ahora disparan sus agresiones a quienes se les cruzan en el camino, incluso a los periodistas que cubren las noticias, como ocurrió ayer con dos informadores de EL DEBER y otros colegas de medios de comunicación. 

El vandalismo está a flor de piel en los comerciantes que resisten el traslado, sin importarles investiduras, oficios ni los derechos de todos los ciudadanos. Algunos de sus dirigentes llaman a cercar edificios públicos sin que nadie sancione previamente sus virulentas movilizaciones. Si se les permite seguir con sus amenazas y ataques, cualquier persona u organización que se exprese a favor del orden será víctima de sus peligrosas agresiones. Por lo tanto, las autoridades y las instituciones tienen que mostrarse más sólidas que antes y dispuestas sin dubitaciones a hacer cumplir la ley. 

En cuanto a los operativos de desalojo, es imposible pensar que los vendedores actuarán ahora con buena voluntad. Pero tampoco se debe intervenir los mercados sin medir las consecuencias de la violencia. Las acciones requieren una planificación y ejecución con la precisión de una cirugía. Una vez más, era previsible la respuesta de un sector que siempre impuso su propia ley. Ahora, retroceder será una peligrosa señal de debilidad.