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Insostenible. Ni siquiera el chavismo ya soporta la gestión de Nicolás Maduro que, el viernes 6, cumplió dos años al frente del Gobierno. Un clima de crispación política y un creciente malestar social por la incontrolada crisis económica hacen temer lo peor en Caracas, tanto que el propio mandatario ha suspendido su viaje programado a Bolivia y se prevé que haga lo propio en abril para la Cumbre de las Américas que se realizará en Panamá.

Tras la muerte de Hugo Chávez, el 5 de marzo de 2013, Maduro heredó el legado del líder bolivariano, pero los resultados, según diversos analistas políticos, son desastrosos.

Un informe del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) al que tuvo acceso EL DEBER, alertó esta semana que, en el mes de enero de 2015, se registraron - al menos- 518 protestas, equivalente a 17 protestas diarias en todo el país, un 16% más que en enero de 2014 cuando fueron 445 y más de 30% más que al final del mandato de Chávez en marzo de 2013, cuando se produjeron más de 300 protestas.

Desde entonces, Maduro no ha podido ni mejorar el desempeño económico del país ni igualar los niveles de popularidad de su antecesor.
Las encuestadoras Hinterlaces y Datanálisis ubican la aprobación de la gestión de Maduro entre el 20 y el 30%.

En diálogo con Séptimo Día, la directora de la consultora venezolana DataEstrategia, Carmen Beatriz Fernández, alertó que la popularidad de Maduro está en picada y se puede producir un vacío de poder muy difícil de controlar por parte del chavismo.

Los datos comparativos entre ambas gestiones son incontrastables. La situación económica del país petrolero, que cerró el 2014 técnicamente en recesión, con una inflación por encima del 65%, una crisis de escasez y fuertemente afectado por la caída de los precios del petróleo, ha minado la popularidad de Maduro.

El 2012, último año de gobierno de Chávez, Venezuela concluyó un ejercicio económico con una inflación anualizada del 20,1% y la escasez por encima del 11%.

Estos números se han casi triplicado bajo la gestión de su heredero durante sus dos años de gestión luego de cerrar el 2014, el último año del que se tienen datos oficiales, con una inflación del 68,5% y la escasez por encima del 29%.

La caída de los precios internacionales del petróleo, principal fuente de ingresos del país, endureció el panorama de la Venezuela de Maduro, que ha tenido que ajustar sus políticas de inversión a los ingresos de un barril de petróleo muy distantes de los 103 dólares que promediaba en 2012.

Poder atomizado
La falta de resultados ha minado, incluso, su relación con el chavismo. "Nunca el presidente Maduro fue equivalente en términos de conexión a lo que era Chávez, ni siquiera en el momento que arranca su Gobierno", destacó el director de la firma Datanálisis, Luis Vicente León.
"Es evidente que el país ha tenido un proceso de deterioro que afecta notablemente la conexión del chavismo y del presidente Maduro", consideró León.

Sin embargo, el director de Datanalisis estima que los niveles de popularidad de Maduro aún deben considerarse como importantes si se toma en cuenta la situación económica del país que cerró el 2014 en recesión y con la inflación más alta de la región.

"Con la magnitud de crisis que el país tiene, imaginarse que una cuarta parte todavía se siente o se autodefine chavista, sigue siendo una popularidad relevante", añadió León.

Corrientes críticas dentro del propio chavismo, y que mantienen la figura del líder fallecido intacta, trasladan la responsabilidad de la situación del país a Maduro, a quien acusan de separarse del proyecto revolucionario.
El analista Nicmer Evans, un chavista crítico con el actual mandatario, afirma que Maduro, a quien reconoce como "un buen político", desgastó la base política dejada por Chávez.

Evans asegura que Nicolás Maduro vive "una verdadera crisis de gobierno en cuanto a las razones por las que fue electo, que fue continuar el Gobierno de Hugo Chávez".

"El pueblo no está demandando al líder carismático, ideológico, referencial, histórico que fue Chávez; el pueblo está demandando un ejecutor de las políticas que él dejó", señala el analista.

El consultor además apunta que el poder capitalizado por Hugo Chávez, y que le permitió materializar su proyecto político durante 14 años, ha perdido fuerza en manos de Maduro que ha tenido que fraccionarlo con sus hermanos políticos, figuras que forman parte del gabinete y los poderes públicos del país.

"El poder que maneja el presidente Maduro es un poder atomizado, es un poder que para su subsistencia política ha tenido que repartirlo en cuotas a los otros hijos de Chávez, lo que no le ha permitido tener maniobrabilidad", afirma.

La decadencia de Maduro ha llevado, incluso, a sus socios políticos regionales a dejarlo a un lado. Cuba, principal sostén político de la gestión de Hugo Chávez, dio un giro con la apertura de relaciones con Estados Unidos y apura la apertura económica que permita bajar la dependencia económica respecto del petróleo barato de Venezuela.

Chávez dejó un vacío aun sin reemplazo dentro de los países “bolivarianos” de la región, una figura de cohesión necesaria ahora que Venezuela, que afirma ser víctima de ataques de Washington, emprende una nueva escalada internacional. "Ha sido muy débil la capacidad de convencimiento de Maduro que apenas ha tenido la consecución de los aliados de siempre en tímidos pronunciamientos", señala Evans.

Nicolás Maduro debería terminar su mandato en abril de 2019, pero la magnitud de la crisis venezolana hace temer a propios y extraños que será mucho antes de esa fecha. Algunos temen un auto-golpe ‘de izquierdas’ desde las entrañas del oficialismo