Escucha esta nota aquí

Desde que comenzó su etapa escolar Juanita, una niña con sobrepeso, anteponía los deseos de sus compañeras a los suyos propios. Iba donde sus amigas decidían, jugaban lo que las otras querían y hasta comía lo que sus amigas pedían, aunque a ella no le gustara, porque sentía que de lo contrario no sería aceptada en el grupo.

Al llegar a su casa expresaba toda su frustración comiendo con desesperación y desquitándose con su hermanita menor, haciéndole a la pequeña todo lo que durante la mañana le hacían a ella sus compañeras.

Para tratar el tema del sobrepeso sus padres la llevaron a un especialista que luego de una evaluación la derivó a una sicóloga y fue así como determinaron que Juanita estaba sintiendo una profunda necesidad de sentirse aceptada, dado que luego del nacimiento de su hermana menor, ella sintió que fue relegada.

La necesidad de aprobación, coinciden los especialistas, expresa una inseguridad emocional que conviene conocer y aprender a manejar; ¿el objetivo? Lograr un correcto equilibrio entre la autoestima y el natural deseo de afecto y aceptación.

Cada persona es diferente a la otra. Somos seres únicos e irrepetibles. La disparidad de opiniones y de preferencias es lo que hace rica a una sociedad que tiene en la diversidad un atributo valioso y esencial para el desarrollo de todo individuo. Por ello, defender nuestros deseos o decir nuestra opinión no debe generarnos malestar.

La sicóloga Claudia Tórrez señala que somos seres sociales por naturaleza y por ello necesitamos la aprobación de nuestro entorno. “Un niño que recibe constantemente la aprobación de sus mayores desarrollara niveles más elevados de autoestima que uno al que se le reprocha constantemente sus defectos. Una cosa es desear la aprobación de los demás y otra muy distinta es necesitarla”, indica.

¿Excesiva necesidad?

En criterio de la sicopedagoga Debbie Cronenbold todo surge en la infancia, cuando el niño es pequeño, los padres le brindan la atención y el cariño necesario para que él desarrolle confianza en sí mismo y en las personas que lo aman. Esa es la base de una autoestima saludable. No obstante, falta de atención o el abandono de los progenitores hace que el pequeño crezca pensando que no lo quieren porque él es ‘malo’, por lo que busca agradar de cualquier modo a las personas.

Empero, considera que no solo en la niñez o adolescencia se da, las redes sociales son una de las grandes pantallas donde claramente se observa esa necesidad de aprobación de las personas, realizan publicaciones esperando muchos ‘likes’ y cuando no hay la respuesta esperada surge la frustración y el enojo.

La sicopedagoga Nadia Rocabado coincide al señalar que la aprobación en la infancia nace de la necesidad que tiene el niño de ser aceptado por sus padres, ya que el vínculo afectivo es muy fuerte. “Cuando los padres son muy autoritarios, ese sentir de aprobación se refuerza y el niño se hace a la idea de que debe complacer a sus papás en todos sus requerimientos. Esta idea se generaliza en otras relaciones interpersonales importantes, tales como la escuela y el docente o con los amigos”.

Afirma que no se puede tener toda la aprobación de la familia, docentes, amigos y compañeros al ciento por ciento. Esta situación le genera al niño pensamientos negativos y recurrentes de que nadie lo quiere o que una persona en específico no lo quiere, no le cae, o lo odia y ese pensamiento es constante en su cabeza, generándole preocupación, tendiendo a hacer comparaciones con otros chicos.

“De persistir ese pensamiento se convierte en una fijación que genera sufrimiento porque conlleva al niño a conductas de ser amable, amistoso o bueno a un plano de servidumbre, generando dependencia de la otra persona por miedo a perder su afecto, por lo que se extralimitan en detalles, regalos o favores, provocando un estado de indefensión o incertidumbre por no saber cómo va a actuar el otro si le lleva la contra o no cumple con sus expectativas”, expresa.

Factores que influyen

Debbie menciona algunos aspectos que influyen en el desarrollo de la necesidad de aprobación, como los padres muy perfeccionistas que nunca están satisfechos con lo que hace el hijo. Entonces el niño hace todo lo posible por buscar esa aceptación.

“Cuando los padres sobrevaloran todo lo que hace el hijo, provocan que todo lo que él haga sea por esa motivación externa, impidiendo que pueda aspirar o hacer algo por motivación propia. Estos niños son los que estudian solo por la nota, no por aprender, todo lo que hagan es para estar en la atención de los demás y muchos pueden recurrir a conductas negativas para lograrlo”, explica.

La crítica constante de padres, hermanos, profesores o amigos influye en el desarrollo de la autoestima y la necesidad de aprobación, principalmente en la adolescencia. Es común en los chicos buscar la aceptación del grupo, lo que se puede tornar en una dependencia afectiva que los lleva a una adicción a las redes sociales, al alcohol y a las drogas, o a cometer actos vandálicos.

En función de los demás

Para Nadia, los niños que llevan al límite la necesidad de aprobación se caracterizan por ser inseguros, inquietos, ansiosos y no tienen tolerancia a la frustración. Con el paso del tiempo, terminan por ser desagradables a los demás, no quieren relacionarse con los otros y llegan a ser apartados por su mismo carácter irritable.

Debbie agrega que los que tienen necesidad de aprobación viven en función de los demás, siempre tienen que anteponer los deseos y caprichos de otros a sus propias necesidades, no saben decir no, quieren ser la buena y al momento de decidir cualquier situación siempre buscan apoyarse en otros.

Estas personas, prosigue, están pendientes de su aspecto físico, de la ropa y de salir bien en la foto, antes de subir una, se aseguran de que esté en su mejor perfil.

El consejo de Claudia es que no se puede gustar a todo el mundo. Eso es imposible. “Siempre habrá personas que nos critiquen y nos desaprueben. No intentes agradar a todo el mundo. Destaca siempre tus virtudes y mejora tus defectos”, concluye.

Sociales por naturaleza. Todos, en mayor o menor medida, necesitamos nuestra dosis de aprobación exterior.