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Es un caminante sin prisa. Hay un río en frente que corre hambriento, donde un día fue la carretera a Filadelfia (Pando) y él lo está cruzando a pie, con el agua a los muslos, porque no tiene bote ni motor. Rilber Retamozo, de 24 años, ha salido de una espesa neblina que cubre Porvenir como suaves copos de algodón; viene del distrito de Cachuelita Baja, que también es Porvenir, donde 32 familias abandonaron sus casas huyendo de la rabia con que el río Tahuamanu cortó el camino y aisló a Filadelfia.

“En este momento no da para pasar por la carretera, tiene mucho lodo y no se puede llegar en vehículo. Desde el lunes está cortado el camino”, dijo este hombre diminuto y delgado, con acento de migrante del occidente. Matilla con la mala noticia: “Filadelfia quedó aislada y hay varios afectados”. Y se pierde como fantasma en neblina. Eran las 7:00 y todavía estaba oscuro.

Es la evidencia que comprueba lo que informó el miércoles el gobernador de Pando, Édgar Polanco, cuando aseguró que había un éxodo de más de 70 familias golpeadas por el Tahuamanu en Porvenir, a poco más de 30 kilómetros al sur de Cobija.

Otros municipios
En Cachuelita Baja, donde aún se hace esperar la ayuda de un Centro de Operaciones de Emergencia Departamental concentrado en Cobija, se ha perdido mucho más que los muebles de los campesinos.

“Se perdió la producción de plátano y yuca. Hace tres días que ha llenado el agua, esto ya huele fuerte (arranca un arbusto de yuca y rompe los tubérculos para demostrar su descomposición). El 50% de los chacos de Cachuelita se ha perdido”, afirmó Jorge Vaca, un pequeño agricultor que toma la pérdida de los cultivos como un golpe bajo para la economía de su hogar. No habrá nada que llevar al mercadito de Porvenir.

A bordo de un bote a motor, Vaca recorre la zona de desastre, acompañado por su hijo de seis años. “Somos 32 familias afectadas en Cachuelita Baja”, dijo.

En el centro de Porvenir
El nombre de este pueblo es una promesa de futuro: Porvenir. Y así se llama, aun cuando a 15 metros de la plaza principal, a un lado de la Alcaldía, solo unos 15 o 20 metros de tierra separan el centro de un río que crece y crece y amenaza con llevarse todo.

Escenario de una matanza en 2008, ahora los miedos tienen que ver con la espectacular crecida del Tahuamanu hasta los 14 metros, dos más que en 2014, a poco de superar el barranco. Pero los pobladores son optimistas, creen que el agua bajará en los próximos días, aunque están sorprendidos por el ascenso del agua