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“Un país sin arte, un país sin vida cultural es una sociedad sin mensaje, sin sentido. Asomarse a la vida en su esencia a través del arte es un privilegio para cualquier ser humano”, afirmó José Antonio Abreu, en una entrevista realizada por Radio Francia Internacional en 2008. 

Fiel a ese pensamiento fue que a mediados de los años 70 fundó el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela; con apenas 12 jóvenes, Abreu se propuso masificar en los niños el aprendizaje de la música a través de orquestas sinfónicas y coros. Esa red de orquestas involucra actualmente a cerca de 500.000 jóvenes músicos, muchos de los cuales el domingo lo despidieron en el Centro Nacional de Acción Social por la Música, donde sus restos fueron velados y luego acompañaron el féretro hasta el cementerio del Este de Caracas. 

‘El maestro Abreu’, como le decían cariñosamente, falleció luego de una larga convalecencia y a la edad de 79 años. Aclamado por el alcance de su gestión en promoción cultural, Abreu fue Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2008. Entre los muchos logros que se le pueden reconocer, el más notables es haber demostrado que la música puede sacar a los jóvenes de la marginalidad. “Cuando abordamos la creación de una orquesta exigimos excelentes instrumentos, maestros y locales para los niños pobres. En eso consiste la justicia social”, decía Abreu.