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Honda consternación causó el deceso del sacerdote franciscano Leo Zechner en la feligresía de Santa Cruz, San Ignacio de Velasco y Puerto Suárez, donde ejerció su santo ministerio con impoluta trayectoria. Fue al encuentro del Señor en plena celebración de la misa matinal del último sábado, en la parroquia de San Antonio, de esta ciudad, después de saludar alborozado el nuevo día y a los circunstantes desde los jardines del Seminario anexo al convento donde alguna vez se alojó el papa Juan Pablo Segundo. El reverendo padre Leo (su nombre completo era Johann Stephan), nacido en lnnsbruck (Austria) capital del Tirol, el 7 de enero de 1932, cerró los ojos en forma apacible y sin ningún signo de sufrimiento, según testigos presenciales.

Inmediatamente después, sus fervientes seguidores levantaron la capilla ardiente en el seno del convento, a la que se unió una gigantesca ola humana que lamentaba el deceso de este humanista ejemplar. “El padre Leo predicó con su ejemplo los votos de castidad, obediencia y de pobreza. Fue un sembrador de amor. Vino a este mundo con una misión pastoral sublime: servir con toda su alma al menesteroso, al enfermo y a los puros de corazón. Más grandes que las obras faraónicas, fueron su filantropía, humildad y espíritu piadoso”, dijo su fiel discípulo Oswaldo Ramos, que rememoraba con viva emoción el aporte monumental esparcido en la Chiquitania y en sus comunidades.

Los restos mortales de Leo Zechner, fueron llevados primero a su predilecta y amada San José de Chiquitos, cuyo pueblo se volcó masivamente para escuchar a su ex colega seminarista y emblemático párroco de la Iglesia Jesuítica, Huber Fleidel, que ofició una conmovedora misa de cuerpo presente. Allí se exaltaron sus virtudes, principalmente porque fue él quien formó a varias generaciones estudiantiles al frente del Colegio “Marista” convertidas más tarde en destacados profesionales; además, prestó un apoyo invaluable al padre Alfredo, fundador de la modélica Aldea SOS, que alberga y protege a miles de niños huérfanos. En la “Cuna de la Cruceñidad”, sus brazos generosos se identificaron con vigorosas cruzadas sociales que favorecieron su desarrollo sostenible.

Antes de llegar a su destino final, delegados religiosos y laicos provenientes de San Ignacio de Velasco, se asociaron a las ceremonias litúrgicas, evocando el rectorado que ejerció al frente del colegio Seminario durante nueve años. Posteriormente, el interminable cortejo fúnebre prosiguió su camino hasta Puerto Suárez, adonde llegaron sus restos mortales, en horas de la madrugada del domingo. Otra marea humana invadió la magnificente parroquia La Santa Cruz, que él había construido a fines del siglo pasado, para rendirle su homenaje postrero.

El padre Leo Zechner, vivió y murió en santidad