Opinión

A diez años de la Constitución (III)Una ruta de esperanza

El Deber 25/2/2019 06:00

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En los 13 años del gobierno del presidente Morales, Bolivia emergió como un ave fénix de entre las cenizas de la debacle financiera y económica, de la dependencia extranjera y del status quo político y social gracias a una agenda ambiciosa de cambios establecida en nuestra actual Constitución; entre ellos, una nueva lógica de servicio público, una democracia ampliada, el establecimiento de una Constitución económica y las bases legales para la evolución permanente de los derechos en la Constitución. Veamos.

Una primera conquista constitucional fue convertir al ‘funcionario’ público en un servidor del pueblo, rompiendo un sistema de inmunidades, prerrogativas y privilegios del feudalismo político establecido en 1825. Hoy la visión del servicio público –como lo reitera siempre el presidente Morales– no es servirse a uno mismo sino servir a los demás. Hoy en día no es nada raro que los servidores públicos trabajemos desde las 5 de la mañana, de lunes a domingo, y dejando a un lado nuestra propia vida personal. Asimismo, se han establecido leyes, instituciones y sistemas contra la corrupción, venga de donde venga y sin privilegios de ninguna naturaleza.

Por otra parte, la democracia boliviana ha sido ampliada y fortalecida. Gracias a la Constitución se ha incorporado la segunda vuelta en comicios electorales para evitar que el presidente y el vicepresidente sean elegidos por el Congreso en base a alianzas espurias y ‘pasanakus’ multipartidarios. Asimismo, las autoridades departamentales son electas por el pueblo directamente y no por la gracia de lazos familiares y mecenazgos políticos. Hoy tenemos diversostipos de referéndums, por iniciativa legislativa, ejecutivo ciudadana, sea ello a nivel nacional, departamental y municipal. También poseemos el derecho de elegir a nuestras máximas autoridades judiciales y los sistemas democráticos indígenas de occidente y oriente han sido revalorizados y respetados como mecanismos legítimos de Gobierno. Así los cabildos, asambleas y prácticas democráticas ancestrales tienen pie de igualdad en una sociedad plural.

En lo que se refiere a la creación de una Constitución económica, nuestra máxima norma legitima explícitamente el extraordinario proceso de recuperación y nacionalización de nuestros hidrocarburos, de nuestras empresas estratégicas del Estado, del desarrollo de una economía plural, del establecimiento de una nueva lógica de redistribución social de la riqueza y de la inclusión de toda la nación boliviana en vastos sectores de nuestra economía. Respetando por supuesto la seguridad jurídica, el interés particular, la inversión privada, pero estableciendo claros fines y límites en pro del bienestar e interés común. Para citar un solo ejemplo, en la Constitución nuestra empresa estatal petrolera Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos es nombrada más de diez veces, para proteger constitucionalmente el concepto de la propiedad fiscal y para evitar que esta empresa, pilar de nuestra economía, sea nuevamente convertida en una ‘YPFB residual’. En suma, nunca más un decreto supremo, como el tristemente célebre 21060, estará por encima de nuestra Constitución. Nunca más un gobierno podrá entregar nuestra propiedad y recursos a manos privadas o destinar nuestros excedentes económicos a fines sectarios.

Finalmente, nuestra Constitución, por voluntad del constituyente, adoptó una visión de avanzada sobre la base de los artículos 13, 256 y 410. En Bolivia los tratados internacionales que declaren más y mejores Derechos Humanos se aplican de manera preferente por sobre la propia Constitución. Gracias a estas previsiones, en Bolivia todos los nuevos derechos que van desarrollándose permanentemente gracias al Derecho Internacional prevalecen incluso sobre la propia Constitución.

Finalmente, debemos recordar que el camino hacia nuestro presente esperanzador ha sido oscuro, agotador y de altos sacrificios. Éramos un país que comía lo que no producía, que se jactaba de regalar su patrimonio a los mercaderes del capital, que se entretenía en una patética imitación y que se avergonzaba de su esencia ancestral; vitoreando a la rosca de ilusionistas que engañaban al pueblo con aquello que jamás podían cumplir. Galeano diría que éramos “la patria imposible”; Sandino, “la Patria usurpada” y García Linera un “Estado aparente”. Noche oscura que no volverá porque el pueblo es consciente y es sabio, y porque si miramos atrás cuidaremos nuestro presente y lucharemos por nuestro futuro.