Opinión

El tiempo de los ciudadanos

Renzo Abruzzese Hace 10/30/2018 8:00:00 AM

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Cada época instaló en la jerga política un sustantivo específico para designar a todos lo que, de una u otra manera, compartían los postulados del proceso que en ese momento se vivía. El MNR popularizó el término ‘compañero’ con la misma fuerza con que Lenin había introducido el calificativo de ‘camarada’ en vieja Rusia zarista. Desde 1952 ‘compañeros’ eran todos aquellos que compartían un conjunto de postulados o una lectura específica del momento que vivían. Nacieron así los compañeros movimientistas, los compañeros mineros, los compañeros estudiantes, etc., pero en las poblaciones de origen rural, particularmente del área andina, el término que los identificaba de mejor manera era el de ‘hermano’; ellos eran los “hermanos campesinos”. Con el Gobierno de Evo Morales este sustantivo calificativo se generalizó identificando a todos los que de, uno u otro modo, compartían las ideas y los actos políticos que desplegaba el partido gobernante.

Cada época de la historia, para designar a sus protagonistas, acuñó un calificativo que diera cuenta de la naturaleza del proceso que los unía. Los movimientistas eran compañeros porque, independientemente de la clase social de la que provenían, todos se ‘reconocían’ como iguales en las trincheras del Chaco y enemigos mortales del superestado minero. El término daba cuenta de lo que los unía y del proyecto político que decidieron consumar. El de ‘hermano’ se instaló como una extensión de las comunidades campesinas en su avance a las esferas del poder en la perspectiva de ‘indianizar el Estado’, es decir, de ampliar el sistema de representación política con aquellos que habían sido tradicionalmente excluidos. Ambos periodos de la historia, empero, fueron consumados y ambos sujetos históricos –‘compañeros’ y ‘hermanos’– hicieron, cada cual en su tiempo, lo que tenían que hacer. Hoy es el tiempo de los ciudadanos.

Agotado el proceso masista, se ha iniciado el tiempo de los ciudadanos. El momento en que el único parámetro que identifica a todos los que habitan nuestros vastos territorios no tiene más atributo que los derechos que la ciudadanía nos otorga más allá de las ideologías, de las etnias, de las razas, de los credos, etc. El tiempo de los ciudadanos es el tiempo de los hombres de a pie cuyo principio rector es el respeto de nuestros derechos y la defensa de la democracia. Es el tiempo que une la nación en el horizonte de la modernidad.