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En la calle Fuego de la Ciudad de México vuelven a sonar "Las mañanitas" para festejar los 88 años del escritor Gabriel García Márquez porque, aunque ya no esté físicamente, sigue en la memoria y el corazón de sus seguidores.

Y es que los familiares y amigos más cercanos del Nobel de Literatura celebrarán este viernes su cumpleaños, tal como le gustaba al autor de Cien años de soledad, quien falleció el 17 de abril de 2014 en la capital mexicana.

"Este día se va a festejar como si él estuviera", dijo Genovevo Quiroz, que durante muchos años fue el conductor y asistente personal del novelista colombiano que hizo de México su hogar durante más de medio siglo.

Una vez más las rosas amarillas inundaron el interior de la residencia de Gabo, como se referían a él cariñosamente, y las llamadas telefónicas comenzaron desde temprana hora.

"Estamos disfrutando este día que es muy especial", dijo Quiroz, quien señaló que la viuda del escritor, Mercedes Barcha, se encuentra "muy bien de salud y acompañada por su familia, hijos y amigos".

"Aunque físicamente no se encuentre, Gabo sigue en nuestros corazones", afirmó Dinorah, una amiga cercana de la familia que llegó desde temprano a la residencia ubicada en el barrio Jardines del Pedregal de San Ángel.

Hace un año el escritor realizó su habitual gesto de saludar a los periodistas que le esperaban a la puerta de su casa para recibir flores amarillas -sus favoritas- y, sobre todo, el cariño que sentían hacia él y que había ganado a pulso de escritura desde hacía décadas.

En el recuerdo de los mexicanos quedó la mirada emocionada de ese día, que expresaba lo que no podía su tímida sonrisa, y la llamativa rosa amarilla que el colombiano llevaba prendida en la solapa.

Su voz se añadió al coro cuando le entonaron Las mañanitas, la canción de cumpleaños tradicional en México, donde escribió Cien años de soledad, la obra con la que bordó su nombre en letras doradas de la historia de la literatura.

Porque, al fin y al cabo, García Márquez demostró al final de su vida que se había convertido en uno más de los personajes que nacieron de su pluma.

Como su Úrsula Iguarán, su muerte -pocas semanas después de su cumpleaños- ocurrió un Jueves Santo, tras luchar contra una infección pulmonar.

Y en su despedida, en el capitalino Palacio de Bellas Artes, estuvo rodeado, como su imaginario Mauricio Babilonia, de cientos de mariposas amarillas de papel, que volaron para recordar al maestro del "realismo mágico".