Opinión

Almagro y la democracia boliviana

El Deber Hace 5/19/2019 8:00:00 AM

La incoherencia parece ser la normalidad en la existencia de Luis Almagro. Basta revisar su vida política para darse cuenta de que los virajes de posición han sido una constante en su carrera, desde el servicio diplomático uruguayo hasta la máxima posición en la Organización de Estados Americanos.

El uruguayo, de 55 años, que estuvo en La Paz y Chapare, respaldó la candidatura a la Presidencia de Evo Morales, un año después de haber afirmado exactamente lo contrario: que ser candidato no es un derecho humano y que se debía respetar el voto de los bolivianos en el referéndum de 2016. El viernes no se sonrojó al señalar: “Decir que Evo no puede participar, eso sería discriminatorio”. Solo como breve recuento, el periódico El Observador de Uruguay, señala que en la década de los 90 fue militante del Partido Nacional de Uruguay (de corriente ideológica de centro derecha), para después hacerse miembro del Movimiento Participación Popular, fundado por ex guerrilleros de izquierda. Así fue como escaló en la diplomacia de su país, se hizo allegado de José Mujica, quien fue presidente uruguayo y que fue un gran respaldo para la carrera de este hombre que ha causado controversia en Bolivia.

Cuando Hugo Chávez estaba vivo y él era diplomático de su país, secundó al expresidente José Mujica en el respaldo al Gobierno de Venezuela; sin embargo, más adelante, desde la OEA, criticó con dureza a Nicolás Maduro, lo que provocó una ruptura entre Almagro y Mujica y que terminó con la expulsión del primero por parte del partido en el que militaba.

Por los vaivenes señalados, no debería extrañar que el secretario general de la OEA diga lo que le conviene, aunque resulte incoherente para los ingenuos que lo creían defensor de la democracia a ultranza. Ya se sabe que busca la reelección en la OEA y que, si no lo logra, busca retomar la política en su propio país. Se trata de un hombre que se mueve en función de sus intereses.

Su incoherencia, que antes era evidente solo en su país, ahora es vista por las Américas y quizás le pase factura. Ese será un asunto que él tendrá que resolver.

Lo ocurrido en Bolivia: la invitación a Almagro, sus palabras que buscan legitimar la candidatura de Evo Morales, a pesar del voto mayoritario de los bolivianos, y la proclamación que se produjo al día siguiente en Chimoré, forman parte de una estrategia muy bien calculada por el MAS, en una carrera sostenida a la reelección.

En la vereda del frente, quienes no parecen estar en carrera son los opositores, que mantienen los ataques entre ellos, allanando el camino para la postulación oficialista. Después de haber posicionado otros discursos, la reivindicación del 21-F se va diluyendo y no se vislumbra una estrategia clara para contrarrestar la candidatura de Evo Morales que, aunque Almagro diga lo contrario, ha sido rechazada por el voto de la mayoría de los bolivianos en un referéndum absolutamente constitucional.