Opinión

Jugando a la democracia

Guido Alejandro Arana Hace 7/28/2019 8:04:00 AM

Una vez más, la realidad nos ha demostrado que en Bolivia estamos lejos aun de alcanzar un ejercicio ciudadano democrático relativamente coherente con los postulados que unos y otros dirigentes políticos pregonan con voz cada vez más entonada, a medida que se aproxima un proceso electoral. Más que un ejercicio de ciudadanía, parece una jugarreta improvisada de parte de quienes dedican gran parte de su tiempo a la búsqueda de cuota o espacios de poder en los diferentes niveles de gobierno. ¿Qué otra constatación, que no sea esta, es la que nos toca hacer al ver cómo se han definido los binomios y cada una de las candidaturas al Senado y a Diputados que deben acompañar a los primeros, con miras a las elecciones generales convocadas para el próximo 20 de octubre?

Todo está ocurriendo de manera tan atropellada, que casi no da tiempo para analizar con calma un proceso político que tendrá gran impacto en el futuro inmediato del país. Ni ha dado tiempo para que los propios actores políticos definan con claridad ya no apenas sus estrategias de poder, sino incluso sus objetivos. Lo han dejado explícito en la atropellada tarea de consolidar sus alianzas y candidaturas, dejando en segundo plano la definición de sus propuestas, planes y programas de gobierno, cuando el sentido lógico señala más bien una ruta inversa: tener antes un plan o programa de gobierno, y solo después pensar en candidatos, previa definición también del perfil ideal de cada uno de éstos.

La improvisación ha sido la regla en lo que va del proceso preelectoral. Improvisación que va desde el árbitro electoral, responsable de administrar el proceso, hasta el último nivel de todas las organizaciones políticas que pretenden disputar las elecciones de octubre. El primero no deja de dar muestras de ello: cada semana aparece anunciando algún cambio de reglas o nuevas normas para ordenar un proceso que ya debería estar claro y cerrado en lo que respecta a logística y a la parte legal, al menos desde febrero de 2016. El caos no es casual: obedece al sometimiento del órgano electoral a los intereses y caprichos del partido que gobierna Bolivia, que ha logrado así imponer la candidatura inconstitucional de los oficialistas Morales y García. En realidad, nada es casual.

Tampoco es casual la errática actuación de las organizaciones y actores políticos que se autoproclaman opositores al MAS. La falta de norte de esos actores y fuerzas opositoras es resultado también de la improvisación que se ha vuelto una tara difícil de superar. ¿De qué otra manera, que no sea ésa, se puede señalar lo hecho por los opositores en este último tiempo, en estas últimas semanas? Es como si solo ahora, cuando faltan menos de tres meses, se hubieran enterado de que hay elecciones. ¡Qué correteo desesperado por armar alianzas, definir binomios y completar las listas de candidatos! Literalmente, es una carrera contra reloj. Y ya se sabe lo que suele ocurrir cuando actuamos a la carrera… es lo que le está pasando incluso al partido de gobierno, que no dejó de estar en campaña y, a pesar de ello, ha improvisado candidaturas que ya le están pasando factura desde hoy.

Le ha pasado también al frente que encabeza Carlos Mesa, él mismo un candidato surgido de la improvisación, sin partido ni organización política sólida, con una propuesta hecha de retazos de ideas propias y ajenas. Le pasa igualmente a la alianza que preside Oscar Ortiz, la que pese a tener como sostén principal al partido gestado por Rubén Costas, no logró zafarse de la improvisación en la confección de sus listas de candidatos al Legislativo y solo pudo presentarlas al filo del cierre de las inscripciones. La suerte de los frentes que lideran Víctor Hugo Cárdenas, Virginio Lema, Félix Patzi y otros tres aun más rezagados no ha sido distinta. Para pesar de toda Bolivia, que parece condenada a padecer los excesos de los poderosos de turno, por una razón principal: la democracia no es un asunto serio ni de interés real, sino apenas una jugarreta más en la que siguen ganando los mismos.