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Un largo proceso de avances económicos, sociales y políticos bajo el signo de la democracia cambió la demografía socioeconómica, convirtiendo a Bolivia en un país de clases medias. Según el PNUD, en 2013 el 31% de la población tenía ingresos de entre $us 10 y 50 por día y, por tanto, eran ‘clase media’. Esta cifra debe ser menor en este momento, luego de la desaceleración económica de los últimos tres años, pero muestra una tendencia. En el borde inferior, las personas ganan alrededor de $us 300 mensuales, que es lo mínimo necesario para vivir con cierta dignidad. Tienen todavía problemas para costear una buena educación a sus hijos, a fin de aspirar a ingresos mayores y para curarse cuando se enferman, pero pueden alimentarse, vestirse y profesionalizar a sus hijos en la educación fiscal. Las necesidades de hoy son diferentes a las del pasado: ya no tanto estar empleados, como tener empleos dignos; ya no tanto acceder a la educación y la salud, como tener sistemas académicos y médicos de calidad. Requieren oportunidades económicas que les permitan acercarse a los que están más arriba que ellos en la curva de ingreso: $us 500, 800 y 1.000 por mes.

Estas oportunidades están ausentes hoy en el mercado: las empresas grandes o altamente productivas son pocas, así que las únicas opciones para los jóvenes están ligadas a la ocupación política del Estado, hoy bloqueada por el oficialismo. 

Pero un 30% de la población no es suficiente para hablar de una mayoría de clase media. El PNUD también informa de un 40% de bolivianos que en 2013 recibía entre $us 4 y 10 al día, las que se suele llamar ‘clases medias vulnerables’. Se beneficiaron del crecimiento experimentado por el país entre 2004 y 2014, gracias a los precios extraordinarios de las materias primas. La desaceleración arrojó a una parte de estas clases otra vez a la pobreza, por lo que es probable que hubieran pasado de cuatro a tres millones: otro tercio de la población. Como es lógico dada la ‘vulnerabilidad’ que se le atribuye, este 30% de la población tiene como principal necesidad de nuevo tipo la ‘seguridad’: no perder el trabajo, no perder el mercado, no perder la salud, no ser robados o tener accidentes. Todo esto les preocupa porque casi no existen sistemas de protección social que limiten sus riesgos. 

¿Qué requieren estos bolivianos que ganan entre $us 120 y 300 al mes? Apoyo del Estado para tener capital y capacitación productiva, ayuda para resolver el cuidado de ancianos y niños, una inserción mejor en el mercado laboral y medios para eludir el riesgo de que la enfermedad o la delincuencia acaben con sus pocos activos.

Dos programas gemelos resumen las necesidades, demandas políticas y programas sociales de nuestro tiempo: un paquete de acciones que fomente las iniciativas privadas para generar empleo digno, mejore la calidad de la educación y la salud disponible para quienes no son ricos y un paquete que capacite a los emprendedores populares, aumentando su productividad, que mejore el sentido social de las microfinanzas, que ofrezca cuidado estatal a los ancianos y los niños, que aumente la cobertura y la calidad de la salud pública y que proteja a la gente de la delincuencia. Estos son los programas que el actual gobierno no puede cumplir por su total y preocupante concentración en el gozo perpetuo del poder.