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Debido a los avances médicos, la Organización Mundial de la Salud prevé que el número de personas de más de 60 años se duplique desde ahora y hasta 2050. Este cambio exigirá importantes adaptaciones sociales, entre ellas las educativas, que aún se muestran tímidas en relación con el aprendizaje después de los 50 años.

Creo fervientemente en la capacidad del ser humano para evolucionar y expandir su conciencia, más allá de la edad. Esto se basa en la creencia de que el cerebro tiene capacidad para regenerarse y aprender mientras estemos vivos. Atrás quedó la época de pensar que, luego de cierta edad, no es posible estudiar o seguir formándose. Antes, ir a la universidad y colgar un título en la pared era suficiente para desenvolverse en el mundo.

El mundo de hoy crece a velocidad exponencial. Es imprescindible mantenernos actualizados, incluso en aquello que ya superamos en la etapa escolar. No hacerlo nos condenaría a la mediocridad. En este punto siempre aparecen excusas para no tomar acción. Seguramente la principal tiene que ver con el tiempo. Todos disponemos de las mismas 24 horas, pero en nuestras manos está decidir cómo y en qué las invertimos: si en actividades edificantes o solo en mero y vacío entretenimiento.

Otra excusa, ya gastada, está relacionada con el resto de roles como padres, jefes, empleados, gerentes o propietarios de una empresa. Cuando queremos hacer algo, conseguimos el espacio y la oportunidad para llevarlo adelante, sin importar los ajustes necesarios. Bertha Velásquez Burgos, de la Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca, considera que “el cerebro tiene una admirable capacidad para reorganizarse, y aunque en un momento determinado lo utilicemos en su totalidad, siempre podemos aprender más”.

Desaprender para seguir aprendiendo también resulta clave. Un estudio del Medical College de Georgia apunta que el cerebro no tiene problemas para seguir asumiendo contenidos, sino para eliminar la información obsoleta. Mi sugerencia es clara: nunca dejemos de entrenar el cerebro. Aunque las estadísticas indican que cada vez moriremos más viejos, la calidad de vida depende en parte de nosotros mismos.