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El portavoz de la demanda marítima de Bolivia, Carlos D. Mesa, alista maletas y para largo. Visitará Chile, por encima de cualquier opinión, y luego le esperan otros destinos. Ese es el escenario que, según dice, ha descolocado a Chile.

El canciller chileno, Heraldo Muñoz, advirtió que nadie del Gobierno de Chile lo recibirá en su visita a ese país. ¿Cómo interpreta esto?
No es pertinente calificar palabras en el tono que han sido dichas, yo en particular siempre tengo una consideración de respeto aún en las diferencias, es una posición que no voy a cambiar, de modo que no voy a juzgar las palabras del canciller.

El diputado de Chile, Jorge Tarud, también calificó su visita como una estrategia de división, ¿qué opina?
La lógica de mi visita a Chile tiene un par de objetivos muy claros.

Primero, el entender que entre dos países democráticos, por muy distintas que sean nuestras posiciones, es perfectamente legítimo, incluso útil, que haya una posibilidad de que el otro tenga un espacio para explicar sus ideas, defenderlas y plantear cuáles son las bases jurídicas en las que Bolivia se mueve en un escenario amplio y abierto.

Segundo, el hacer conocer nuestro punto de vista en ámbitos académicos, en movimientos y grupos que apoyan a Bolivia, pero sobre todo a la opinión pública de Chile a través de medios de comunicación en ese país que nos permitan conversaciones más en profundidad para explicar ampliamente nuestros argumentos como país, por supuesto, entendiendo que Chile tiene otros argumentos distintos, pero creo que la mejor forma de hacer ese intercambio es debatiéndolos.

¿Qué se gana y qué se pierde yendo a Chile?
Es una ganancia en sentido de una voluntad democrática de Bolivia de entender que la democracia está basada en la posibilidad de que se puedan expresar libremente ideas distintas en escenarios diferentes a los que uno tiene. Segundo, que la presidenta (Michelle) Bachelet y el presidente (Evo) Morales se reunieron (29 de enero) en San José (Costa Rica), sobre la base de reabrir un diálogo y tender puentes sobre otros puntos, además de lo que tiene que ver con la cuestión marítima.

Pero ¿qué riesgo existe de ir a un país de donde surgen opiniones hostiles?
Eso es entendible, ocurre hoy pero puede suceder dentro de un mes o de dos, es lógico que así se plantee porque son opiniones distintas y hay sectores más duros dentro de Chile y, en ese contexto, nuestra presencia puede generar una respuesta negativa, pero no creo. El tono que yo utilizo y la lógica en la que me muevo no es de polemizar, de generar una discusión, de adjetivar ni de descalificar, simplemente de explicar puntos de vista. Siempre hay el riesgo de que tengas una respuesta negativa, pero creo que si lo planteas en términos positivos, eso no va a ocurrir.

La presidenta Bachelet buscó un acercamiento para reabrir el diálogo, pero a la vez su canciller Muñoz critica permanentemente a Bolivia. ¿Cómo explica esas dos posiciones?
Yo me atengo a lo que dice el texto constitucional de nuestros países y es el caso de Chile: la presidenta Bachelet es la jefa de Estado y es la cabeza de las relaciones exteriores de Chile. La palabra que vale, por encima de cualquier otra, es la de la presidenta Michelle Bachelet y su lógica, tal como la hemos entendido aquí, es reabrir un espacio de diálogo entre ambos países.

¿Cree que esa voluntad de diálogo por parte de Chile sobre la agenda de 12 puntos, excluyendo el tema marítimo, es real y abierta?
Yo diría que ese es un tema de debate, el que si la cuestión del mar esté o no esté, en qué condiciones y en qué contexto (en la agenda), es un tema que precisamente deberá establecer un equipo bilateral que pudiera comenzar reuniones, que todavía no han iniciado. Hubo una reunión preliminar entre ambos presidentes y entiendo que ahí se quedó en que se establecerían algunas pautas para marcar ciertos elementos de acercamiento y cómo se va a tratar el tema del mar. Ahí, por supuesto, la posición de Bolivia y Chile tienen diferencias y ese es uno de los elementos que la Cancillería boliviana tiene que evaluar.

Para negociar o restablecer el tratamiento de esta agenda se necesita un clima de confianza, ¿cree usted que existe esa confianza recíproca?
Yo diría que hay una línea de búsqueda de un clima de confianza que expresaron los dos presidentes en San José, que es la (línea) más importante, porque son las dos cabezas del Estado de ambos países y hay posiciones en sectores políticos, particularmente de Chile, que parecen ir en otra dirección.

¿Cómo cree usted que puede influir su visita a Chile en este proceso de negociación?
Con relación a la negociación y discusión de los 12, 15 o los puntos que vayan a definirse -porque el presidente Morales también planteó que hubiesen otros temas que nacieron después de la reunión de 2006-, yo no tengo como objetivo ni soy representante oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia, mi único tema es el del mar y mi única tarea es explicar esto. Yo no voy como negociador ni a marcar ninguna reunión oficial, sino para explicar a la opinión pública chilena el tema marítimo. Es importante hacer esa diferencia.

¿Cuándo será el viaje?
No está definida todavía la fecha exacta (del viaje), hay que esperar que pase febrero, tenemos que coordinar con la Cancillería de Bolivia y con el consulado de nuestro país en Chile, hay que generar los espacios académicos; estamos preparando la visita.

¿De alguna manera se puede dar la posibilidad de una conciliación entre Chile y Bolivia, previo a lo que pueda ocurrir en La Haya?
Es un tema complicado y quizá no sea pertinente responderlo, en el sentido de que en este momento lo que está en vigencia es la demanda de Bolivia ante la Corte Internacional de La Haya y el presidente Morales lo ha dicho muchas veces, no hay ninguna posibilidad de que Bolivia se baje de esa demanda hasta que el desarrollo de este proceso se lleve a cabo. Por lo tanto, lo que Bolivia está trabajando es en la fortaleza de su fundamentación jurídica y esperando el fallo de la corte sobre la demanda preliminar de incompetencia (planteada por Chile).

Usted anunció su visita al Vaticano en junio, coincidentemente con el mes en que Bachelet también estará allí. ¿Cuál es el propósito y si habrá un pedido de que el papa Francisco se pronuncie?
Primero, decir que nuestra agenda de trabajo está preparada desde diciembre del año pasado. Es decir, el plan de visitar el Vaticano estaba antes de que la presidenta Bachelet hiciera conocer que va a visitar al papa. Este es un tema que no tiene vinculación. Mi proyecto de viajar a Chile y al Vaticano lo hemos discutido con el presidente, el vicepresidente y el ministro de Relaciones Exteriores a fines del 2014. Segundo, no voy a visitar al papa, voy a hacer una solicitud de audiencia con el secretario de Estado del Vaticano, con un solo objetivo: explicarle en detalle en qué consiste la demanda marítima de Bolivia.

¿Esto dentro de una agenda de visitas que continuará?
El lunes viajamos a Nueva York para reunirnos con varios embajadores de Naciones Unidas, tenemos planes de visitar a presidentes de América Latina, a los países más importantes de la Unión Europea y a Bruselas, en fin, la visita al Vaticano forma parte de este paquete.

¿Puede hacer una evaluación preliminar de esta estrategia de visitar y explicar?
Resultados muy positivos, porque el objetivo específico es explicar y ser entendido, no buscar adhesiones ni apoyos. La explicación es muy importante porque en general el desconocimiento de la demanda boliviana es casi total, todos creen que se trata de una demanda de límites y no lo es, todos creen que Bolivia quiere demandar el Tratado de 1904 y eso no tiene nada que ver con la demanda, por lo tanto, cuando me reúno con jefes de Estado, ministros de relaciones exteriores, secretarios de organismos internacionales me doy cuenta de que era muy, muy importante explicarlo y al terminar, veo que han entendido.

Entonces, ¿Está usted tumbando falsos mitos?

Obviamente que hay una campaña muy fuerte por parte de Chile, que pretende insistir en que Bolivia quiere poner en tela de juicio el Tratado de 1904 y, en consecuencia, es imprescindible explicar que no es así.

¿En mayo habrá una audiencia oral por el recurso de incompetencia de La Haya presentado por Chile?
No está decidida la fecha, ese es un tema que suponemos se desarrollará en 2015, pero la Corte no ha hecho oficial la fecha de la audiencia para ambos países.

¿Qué argumentos específicos se van a manejar?

El contexto de la cuestión jurídica es muy claro. Chile demanda a la Corte de la Haya por incompetencia, basado en el argumento de que el tema entre Bolivia y Chile está resuelto por el Tratado de 1904 y que, como tal, no es pertinente que la corte vuelva a tocar una diferencia entre ambos países. Bolivia, por el contrario, indica que Chile no tiene fundamentos, por lo tanto, que la demanda de ese país no es pertinente porque Bolivia no está cuestionando el Tratado de 1904, sino que Chile - después del tratado y al margen de este- se comprometió a dialogar con Bolivia para otorgarle una salida al mar. Lo hizo a través de varios documentos oficiales en diversas oportunidades y esos compromisos, dentro del derecho internacional, son jurídicamente exigibles. Por eso Bolivia dice: hay un compromiso que Chile no cumplió. Y es sobre este compromiso pendiente y no resuelto que la demanda tiene vigencia.

Al margen del choque de opiniones, ¿cómo ve el proceso en La Haya?
Ese tema no puedo desarrollarlo, porque en realidad no hemos empezado la cuestión de fondo. Cuando Bolivia presentó en 2014 la memoria que fue aceptada por la Corte de La Haya y se la hizo conocer a Chile, este decidió demandar la incompetencia de la corte, eso ha suspendido el juicio, este no se ha iniciado. Es decir, el análisis de los asuntos de fondo del juicio no están todavía siendo considerados por la Corte. La corte primero tiene que decidir si es competente o no.

O sea que todavía el proceso es largo.
Sí, en las mejores condiciones va a durar tres o cuatro años.

¿Hay nerviosismo en Chile? ¿Cómo lee la actitud en general de ese país?
Una constatación muy importante es que es la primera vez que Chile se ve obligado a salir del encapsulamiento de la bilateralidad. Es decir, antes, en todas las oportunidades que hemos tenido debates o intentos de negociación con Chile, esto estaba circunscrito a una discusión entre ambos países, pero en el momento en que nosotros hemos llevado esto al plano internacional con la demanda ante la Corte de La Haya, este asunto se convirtió en una cuestión universal y eso ha obligado a Chile, por primera vez en su historia, no a darle explicaciones a Bolivia, sino a darle explicaciones al mundo entero del porqué no quiere dar una salida soberana al mar a Bolivia y eso, por supuesto, le es complejo, eso está fuera del esquema, es lo que no querían haber hecho nunca y el haber logrado eso en sí mismo es un triunfo.

¿Bolivia obligó a Chile a cambiar de cancha?

El escenario del debate ha cambiado radicalmente y se ha convertido en un escenario universal en el que Chile ya no puede ocultar o negar argumentos, o no decir nada. Chile tiene que dar explicaciones. Aquella frase de que ‘ya no hay nada pendiente entre Bolivia y Chile’ ya no es suficiente ni sirve cuando un país le pregunta ¿por qué tiene problemas con Bolivia? Ese argumentito cerrado ya no funciona.

El 19 de febrero habrá una audiencia en la Aladi para que Chile y Bolivia dialoguen sobre el libre tránsito, otro tema pendiente.
Son dos cosas distintas. Una cosa es el juicio en La Haya, en el que el Tratado de 1904 no tiene nada que ver y otra es la audiencia sobre el libre tránsito, porque está en otro escenario que es la Aladi (Alianza Latinoamericana de Integración), que ha fallado hace algunas semanas diciendo: señores chilenos tienen que obligatoriamente sentarse a negociar con Bolivia sobre el tema del libre tránsito que sí está relacionado con el Tratado de 1904. Pero el escenario es Aladi.

De todos modos, es otro tema incómodo para Chile.
Sin duda, pero es necesario no mezclar las cosas. La discusión sobre el libre tránsito va por un camino distinto, por supuesto que demuestra dificultades y cuestiones que no se están cumpliendo por parte de Chile, pero sería un error pensar que eso va a influir en la demanda ante La Haya.

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Carlos Mesa