Opinión

Una sonrisa por ‘Paulovich’

Guido Alejandro Arana Hace 7/10/2019 8:00:00 AM

Cerca de cumplir los 92 años y con una extraordinaria trayectoria periodística de más de medio siglo, ha partido a la Eternidad Alfonso Prudencio Claure ocurrente, divertido, ácido y certero columnista de lectura imperdible en los principales periódicos del país, EL DEBER entre ellos. A través de su columna La Noticia de Perfil que firmaba como Paulovich, describía con maestría singular personajes, hechos, circunstancias y otras hierbas de la vida nacional con un estilo único entre satírico y humorístico que levantó roncha, especialmente, en el siempre fértil terreno de la política criolla donde halló los mayores y mejores insumos para inspirarse.

No es exageración alguna afirmar que los bolivianos, ‘serios y solemnes’ como él nos describía, aprendimos a reírnos de nosotros mismos y de nuestras desventuras con la ingeniosa y desenfadada pluma de Prudencio Claure, un “cholo ilustrado”. Cerca de mi adolescencia, en la tradicional barriada cruceña de San Francisco donde yo vivía, aguardaba impaciente que llegara a casa de unos buenos vecinos aquel gran periódico que fue Presencia, para tratar de resolver a hurtadillas el Bibliograma de los jueves no sin antes leer la columna de un señor que firmaba como... Paulovich.

Desde entonces, leer sus escritos se volvió un hábito personal permanente y agradable. Mucho tiempo después, el destino me deparó inopinadamente un privilegio enorme cuando, como presidente de la Asociación Nacional de la Prensa (ANP), deposité en sus manos el Premio Libertad 2008 que se agregó a otros importantes y merecidos reconocimientos que recibió el destacado periodista, humorista y escritor que, sin proponérselo, se encargó de hacernos la vida menos avinagrada con sus columnas y sus “obras hualaychas” como definió algunos de los 10 libros de su autoría.

En aquella grata oportunidad, referí que en su inagotable imaginario Paulovich nos había llevado al bar Chuma del que era asiduo habitué como del Club Malena de El Alto, o de pasada por sus bien surtidos kioscos de la Buenos Aires donde hasta dinamita tenía en oferta.

Además de su diligente imilla Winona, los yatiris Uayruru, Calimán y Titirico, y de su moto ‘la pedorrera’, nos presentó a su parentela con sus despistados y cojuditos tíos Huevastián y Pelópidas, junto a sus deslenguadas tías Encarna, Clotilde, Restituta viuda de Batistuta, la de los nabos escandinavos, la Omaygad de los sobresaltos frecuentes y la ‘Semáforo’ que nadie respetaba después de las 10 de la noche... Gracias Don Alfonso Prudencio Claure, ‘Paulovich’, por hacernos más llevadera la existencia en este valle de lágrimas con sus pinceladas de humor del bueno. Con admiración y respeto, sus lectores lo recordaremos siempre con una sonrisa.

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