Escucha esta nota aquí

“Por ahora solo puedo garantizar tierra”, manifestó el presidente Evo Morales ante emigrantes bolivianos en Argentina. Pareciera que el ofrecimiento es muy modesto, aunque a nadie le vendría mal una buena parcela sin haber hecho méritos para conseguirla. Claro que el tema de fondo no es el ofrecimiento en sí mismo, sino su utilización como dádiva a cambio de votos. Argentina es el principal destino de los bolivianos que han salido de nuestro país en busca de mejores días; recibe a un 38% del total de emigrantes, y la mayoría de ellos se dedica a las labores del campo. Entonces qué mejor que ofrecerles tierras (y hacerlo con un impresionante despliegue de recursos del Estado boliviano). Esta desmedida forma de hacer campaña es una de las muchas razones por la que se ponen límites a la reelección de autoridades.

Cuando los políticos decepcionan, los electores son capaces de patear el tablero y decantarse por la opción que menos se asemeja a ellos. Ahí no importa si los candidatos ejercen el poder, si tienen mucha plata o si muestran los planes de gobierno más sesudos; a su casa, todos. Eso es lo que ha sucedido en Ucrania, donde el comediante Volodimir Zelenski –de 43 años y sin trayectoria política–, ganó las elecciones de ese país con un 73% de los votos. Bastó con su carisma, porque los ucranianos ni siquiera conocen su postura en asuntos delicados. Lo que sí saben es que la corrupción y las viejas mañas del presidente saliente, Petro Poroshenko, ya no tienen cabida en la conciencia colectiva.

Las grandes tormentas hacen colapsar la ciudad no solo porque algunos semáforos dejan de funcionar, sino porque los ‘cables’ de muchos conductores también se mojan. Menos mal que policías, en medio de la lluvia, estuvieron destrancando intersecciones, ante la falta de cooperación de los susodichos.