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A su manera cada obra de arte refleja su tiempo y el pensamiento de su época. Claro que lo hace distorsionadamente ya que el reflejo que proyecta no es el de un espejo entero sino de uno roto. Tenemos entonces realidades fragmentadas y múltiples. Esa es la riqueza por ejemplo de la literatura.

Quizá ahí resida el gigantesco éxito de Juego de Tronos, considerada la serie de televisión más importante de la historia. La misma que nos llega precisamente a través de múltiples historias en relatos fragmentados que, sin embargo, forman el todo.

Basada en la Guerra de las dos rosas en la Inglaterra medioeval, George R.R. Martin, crea una novela que a su vez es muchas novelas, personajes complejos y un toque de fantasía. Los héroes y villanos de Juego de Tronos muestran la complejidad de seres humanos, de la condición humana. Ninguno es perfecto, ningún malo es del todo malo y hasta la piedad del entrañable Ned Stark produce la muerte del rey.

Amores y traiciones, combates singulares, el regusto de la guerra sin edulcorantes, con asesinos que arrasan con todo, que torturan y violan. Varias historias cuyos personajes se dividen en hombres y mujeres. Estas últimas tienen un papel protagónico pues el poder pasa por ellas; la maldad por Cersei que, además del poder, quiere tener libertad, que no la obliguen a casarse por segundas nupcias para tener que someterse a alguien.

Arya es la guerrera. Como lo es Daenerys. Pero las divide la ambición. La chica Stark quiere salvar a su familia aunque para ello necesite de la venganza. En cambio, la Tangarian lo que quiere es el poder aunque para ello deba liberar a los esclavos.

¿Y los hombres? Jon Snow es el bueno, noble, inteligente y gran guerrero. Esa capacidad para el combate también la tiene Jaime Lanister pero este último es tan retorcido como todos en su familia con la excepción del enano Tyron, el más astuto de todos. Y, claro, Samwell Tardy, el que ama los libros, la memoria, el que descubre cómo se puede matar a los caminantes blancos. En medio de todos animales fantásticos como los dragones. La brujería de Melissandre, la capacidad de ver el pasado y el futuro de Brandon.

Un plato difícil de rechazar. Su autor consiguió la receta perfecta para que padres e hijos tengan algo de que hablar. Para que hombres y mujeres puedan ver lo mismo por televisión. Para que su octava y última sea la más esperada de la historia de la televisión.

El Señor de los Anillos pasó, se fue Harry Potter y ahora estamos en las últimas semanas de La canción del fuego y el hielo que reúne más de mil páginas. Menos mal porque les prometo que no querrán que se acaben nunca.