Opinión

Conversaciones en la catedral

Roberto Navia 23/7/2018 07:11

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No sé cuántas veces conversamos sobre libros y el virus de los viajes, sobre carreteras empolvadas y sobre reportajes que creíamos que este mundo necesitaba leer. Las conversaciones surgieron como un asunto de primera necesidad, por una voluntad natural de expresar el mundo interior que ladraba para construir historias que terminen en textos destinados al tabloide, siguiendo el destello que dejaron los autores de los libros que descubríamos en las tiendas de usados traídos quizá desde alguna librería de ultramar.

Así fue creciendo la amistad con Darwin Pinto, construyendo conversaciones en su antigua casa labrada a sudor por su madre valiente, en esa vivienda amable escoltada por un árbol colosal de tamarindo. En ese barrio que quedaba lejos, en esa Catedral donde acudíamos después de ‘cargar ladrillos’ como reporteros de noticias duras y hablábamos con devoción de la crónica, cuando la crónica era aún una palabra desconocida, y buscábamos los caminos narrativos para aprender a colocar la palabra exacta en un texto que tenía que hacer honor a los dueños de las historias; ya que por aquellos años ya sabíamos que no había mayor dicha que narrar a los ‘nadie’ de este mundo. 

Desde hace un mes hemos retomado esas tertulias que en otros tiempos nos ayudaron a conocer mejor a los muchachos del Boom Latinoamericano, a los precursores del nuevo periodismo, a los escritores que osaban arremangarse las mangas de la camisa para ‘pataperrear’ por el mundo. Solo que ahora las tertulias son de todos ustedes y tienen un nombre y un lugar fijo en el ciberespacio: Conversaciones en la Catedral. Un espacio que ahora pertenece a todos quienes quieran seguirnos a través del Facebbok todos los lunes a partir de las 20:00, donde no solo contamos historias, sino, también los secretos que se esconden dentro de esas historias y los caminos que hay que vencer para llegar a ellas. El nombre del programa intenta rendir homenaje a la gran novela de Mario Vargas Llosa y es también una aventura extraordinaria que en los tres primeros programas abordamos la potencia de la crónica, nos metimos en el tren del mundial para hablar de fútbol y literatura, y sobre las mujeres inmortales que cambiaron la historia, como Oriana Fallaci, Svetlana Alexiévich, Virginia Wolff, Hannah Arendt y Domitila de Chungara. 

Y en Conversaciones no solo participan los que hacemos uso de la palabra. Detrás de cámaras hay un equipo humano también apasionado con el lenguaje de la vida y del arte: Karina Segovia, Nadia Achata, Manuel Andrés Navia y Fernanda Pinto cuidan de los detalles para que la conversación fluya parsimoniosa como el agua que baja de la montaña para que bañe con su lluvia la catedral donde nos damos cita para sentirnos vivos.