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La guerra entre las potencias de China y EEUU ya tiene daños colaterales. Ahora son los usuarios de Huawei que se enteraron de la ruptura de Google y otras firmas tecnológicas con la fabricante de China. La noticia cayó como balde de agua fría porque el número de usuarios había crecido de manera sostenida, especialmente en América Latina y en Europa. Nadie sabe el desenlace de este episodio, en el marco de la gran batalla comercial; los alcances son nuevos e inimaginados. Lo cierto es que vivimos en un mundo global, lo que pasa afuera, también repercute adentro, y viceversa, y hay que adaptarse.

Luis Almagro intentó justificarse en Argentina, pero a veces la incoherencia no tiene explicaciones. Primero dijo que la reelección no es un derecho humano; después opinó que sería discriminatorio decir que Evo Morales no puede ser candidato (sin mencionar el voto en un referéndum democrático). Finalmente, ayer explicó que sigue pensando que la reelección no es un derecho humano, pero que él “no tiene un instrumento institucional para oponerse a un dictamen de la justicia”. Lo que termina de enredarlo es que ese fallo del Tribunal Constitucional de Bolivia al que se refiere, se basa precisamente en el argumento de que la reelección es un derecho humano.

“Las malas personas no pueden ser buenos periodistas”, decía Riszard Kapuscinsky. Los periodistas que aman lo que hacen, se entregan alma, vida y corazón al oficio. No miden tiempo ni espacio para informar. Y cuando lo hacen, no tienen afanes personales ni políticos a favor o en contra de alguien. En esos principios se basa la confianza que en ellos depositan los lectores. Muchas veces, lo dicho incomoda al poder y ahí es cuando se pretende desacreditar al mensajero. Esa es la prístina verdad, aunque desde afuera se la pretenda manchar.