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El título de este artículo es un oxímoron, aclarando, como señala Humberto Eco, que se produce un oxímoron cuando se unen dos términos que se contradicen mutuamente, como ‘fuerte debilidad’, ‘desesperada esperanza’, ‘dulce violencia’. La esperada sentencia de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) sobre la demanda boliviana reclamando la obligatoriedad de Chile de negociar una salida soberana al océano Pacífico para Bolivia, salió rechazando la petición boliviana en términos que no se esperaban por la contundencia de los votos contra la posición boliviana.

Desde el día de la emisión del fallo de la CIJ hemos conocido declaraciones de diferentes autoridades bolivianas en sentido que si bien se negó la obligación que hubiera tenido Chile de negociar una salida soberana al mar, se dejó abierta la puerta de que las partes sigan dialogando, como lo dice el apartado 176 de la sentencia leída.

Una sentencia está compuesta por dos partes principales, la considerativa en la que mediante considerandos se analiza y desmenuza los argumentos presentados por las partes; finalmente, la resolución donde se falla sobre las peticiones de ambas partes. Analizando las declaraciones mencionadas, se puede inferir que Bolivia perdió en “el por tanto” que rechazó la demanda boliviana y ganó parcialmente en uno de los “considerandos” al opinar la Corte que está abierto el camino del diálogo. Este contrasentido podría dar lugar a muchas interpretaciones, pero lamentablemente la realidad de la sentencia se encuentra en el “por tanto” y no en los “considerandos” que no cambian el haber perdido, tema delicado en el sentimiento de un país, que había volcado todas sus expectativas y esperanzas en un fallo favorable.

La reivindicación marítima boliviana no ha disminuido ni lo hará por tratarse de un sentimiento profundamente arraigado y que además sigue siendo irrenunciable, lo que obliga a los responsables de las relaciones internacionales a manejarse con cordura y sensatez para establecer los próximos pasos dentro del campo diplomático, a fin de recuperar el posicionamiento de nuestro legítimo reclamo.

Uno de los aspectos es analizar cuidadosamente los términos del Tratado de Paz y Amistad de 1904, que si bien se redactó en función de los intereses de la minería del occidente de esa época, contiene los elementos que las partes deben cumplir y particularmente Chile que asume una serie de compromisos que durante la vigencia de este Tratado ha vulnerado de manera grosera con tibios reclamos bolivianos, en particular el Artículo VI donde la República de Chile reconoce en favor de Bolivia y a perpetuidad, el más amplio y libre derecho de tránsito comercial por su territorio y puertos del Pacífico.

Sabemos que al presente no hay enfoques frescos, ni reuniones de afectos y promesas, que puedan servirnos o sobre los que tengamos expectativas, hay que pisar tierra firme y agarrarnos de lo que tenemos para exigir y reclamar los compromisos asumidos documentalmente por Chile en el Tratado de Paz y Amistad de 1904, y en caso de persistir los incumplimientos se abre la competencia de un proceso arbitral al que legítimamente puede acudir Bolivia, por estar establecido en ese mismo Tratado.