Raúl Trejo es un peso pesado del periodismo y de la investigación académica en México. Este profesional estará el 27 de agosto en Santa Cruz para dar la conferencia: Periodismo y redes sociodigitales en la era de la posverdad, que organiza el banco Bisa. EL DEBER lo entrevistó a pocos días de que pise suelo boliviano.

 ¿Cómo resume el trabajo en este momento de los periodistas mexicanos?

Es una situación difícil. El trabajo de los periodistas de México se enfrenta a condiciones muy variadas. Es un país muy grande, con situaciones muy distintas en cada región. Donde realmente corren peligro los periodistas es en la zona de influencia del narcotráfico, en Tamaulipas, en Sinaloa, en Oaxaca y a veces en Chiapas. Sobre todo donde el descuido del Estado mexicano ha propiciado la hegemonía de los grupos criminales.

 ¿Quiénes son los periodistas que sufren más riesgos?

Los que más riesgo corren, por lo general, son los que no tienen siempre las coberturas de sus redacciones. Hay periodistas que se han dado en trabajar de manera independiente, que tienen un portal en internet, Facebook, y sobre todo, periodistas que cubren temas relacionados con temas delincuenciales, lo que en México llamamos la nota roja. Los que no tienen suficiente protección de los directivos de sus empresas.

 ¿Qué papel juega la impunidad?

La causa principal es el auge de la delincuencia y la dificultad del Estado mexicano para imponer la ley en todo el territorio del país. Por supuesto que hay un cálculo de oportunidad por parte de los delincuentes cuando planean agredir a un periodista. Solo uno de cada 10 agravios es realmente castigado. La aplicación de la justicia está sujeta a muchas deficiencias, además de la impunidad para proteger a los periodistas.

Desde 2012 existe una ley de protección a los periodistas, y como resultado de esa ley hay una institución del Estado que es u mecanismo de protección para periodistas y defensores de los derechos humanos. Es una oficina del Gobierno Federal que se dedica a proveer protección cuando los periodistas son amenazados. Suele ser muy ineficiente. Ha llegado a ocurrir, por ejemplo, que en los niveles más básicos de la estructura política, de los municipios, quienes persiguen a los periodistas son policías municipales. Y a veces, aquellos que son designados para protegerlos son compañeros de esos policías, de tal forma que es una suerte de protección que no funciona.

A veces a los periodistas les dan un teléfono celular para que pida auxilio en caso de emergencia. Estos dispositivos no siempre funcionan. Hay experiencias, como la que ocurrido hace una semana en el Estado de Veracruz, cuando a un periodista que se llamaba José Celestino Ruiz Vásquez, del periódico El Gráfico, le retiraron la protección policial. Le quitaron los guardaespaldas. El periodista fue a la oficina del presidente municipal a pedir que por favor le reiteraran la protección. Pero no lo hicieron. Fue asesinado la noche del viernes 2 de agosto. Hay mucha deficiencia, una enorme negligencia que se suma al factor impunidad.

 El libro Persecución a Periodistas que fue comandado por su persona, documentó la opinión de periodistas que conocen de las agresiones o que ellos mismos han sido víctima. ¿Cuáles fueron los principales hallazgos?

Ha sido una reinmersión en la realidad. Mi trabajo es fundamentalmente académico. Yo hice periodismo desde hace más de 40 años, siempre de manera externa a la redacción. De tal suerte, ir al campo de trabajo, conocer la opinión directa de muchos colegas reporteros, me ha permitido rescatar testimonios concretos de aquellos que defienden al periodista o de periodistas que han sido perseguidos. He encontrado historias de desesperanza y de mucha tenacidad. Hay delincuentes, criminales, secuestradores que extorsionan y amenazan a los periodistas para que publiquen notas que convengan a ellos, para tener una imagen favorable, o los conminan a no publicar notas desfavorables. Cuando un periodista se niega, lo amenazan ponerlo en la lista negra.

 Con todo ello, uno puede deducir que en México ser periodista es un gran apostolado

En muchos casos es así. Hay de todo en el gremio de periodistas. Hay corrupción motivada por los bajos salarios, informadores que atienden más a las agendas de las empresas, políticas o delincuenciales. Pero la gran mayoría de los periodistas mexicanos, sin lugar a dudas, se trata de profesionales que hacen una tarea esmerada, esforzada. No todos están en una situación de riesgo, pero los que sí lo están gracias a su trabajo conocemos parte del México que de otra manera nos sería desconocido.

También hay periodistas que han contribuido para conocer los negocios fraudulentos por parte de autoridades mexicanas. Investigaciones que durante semanas o meses se dedicaron a indagar datos sobre fraudes. Estamos ante un auge del periodismo de investigación en México.

 ¿Qué papel juegan las redes sociales en este ambiente hostil sobre el que trabajan los periodistas mexicanos?

Las redes sociales están sirviendo de tres maneras: como espacios para que se propaguen acontecimientos que de otra manera estarían supeditados a la censura o incapacidad para difundir denuncias y quejas. En México hemos tenido muchos casos de prepotencia del poder económico o político, que fueron desvelados gracias a videos.

Las redes son espacios para que los periodistas den a conocer su trabajo y también de exigencias de la sociedad sobre el trabajo periodístico.