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Alan García no resistió la presión del proceso que se llevaba en su contra por supuestos sobornos que habría recibido de la constructora Odebrecht, aquella que ‘aceitó’ obras a lo largo y ancho del continente. Intentó –sin suerte– buscar asilo para librarse del juicio. El expresidente peruano tenía el apodo de ‘Caballo loco’. Su primera gestión de gobierno (1985-1990) tuvo un cariz estatizador, a tal punto de proponer estatizar la banca privada. Durante su segunda gestión (2006-2011) dio un giro hacia la privatización, contradicción que le mereció duras críticas. “Solo Dios y los imbéciles no cambian”, dijo respondiendo a sus detractores. En su última entrevista, el periodista le preguntó por qué a él tendrían que darle un tratamiento diferente al que reciben los otros expresidentes procesados y encarcelados. García le volcó la pregunta diciendo: “Por qué más bien no concibe la idea de que haya habido un presidente del Perú que no haya robado”.

Las tres noticias más leídas en nuestra web, durante la tarde de ayer, tenían que ver con temas policiales: la primera, sobre los presuntos vínculos de autoridades policiales con narcotraficantes; la segunda, sobre el nuevo jefe de la Felcc, que inicia su gestión en medio de observaciones; y la tercera, que se refería a la destitución de otra autoridad policial, por supuestamente haber emitido una opinión contraria a políticas del Gobierno. Está claro que la población busca el hilo conductor de los hechos que han sumido a la Policía en el mayor descrédito. Ya se ha tocado fondo. La gente exige una explicación.

La Iglesia le pide a los religiosos que no se desanimen, que continúen su misión liberadora, frente a una sociedad que “sufre de desencanto y desesperanza”. Habría que emular a los franceses, que, ante el desastre de Notre Dame, han recobrado el espíritu que se necesita para vencer juntos a la adversidad.

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