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Ante la epidemia de inconductas y malas prácticas que se han presentado en estos últimos meses de parte de algunos malos elementos, aprovecho este espacio para puntualizar en forma sintética algunos aspectos que deben tomarse en consideración y que deben ser conocidos por la comunidad, a la cual le debemos la máxima consideración y respeto.

1. Es innegable que hay una crisis policial, seguimos arrastrando una carga negativa que está en permanente aumento, a la cual los señores comandantes generales no le han dado las respuestas certeras en cuanto a las medidas que deben ejercitarse contra las corruptelas y abusos, ya sea en forma coyuntural o estructural y, en alguna medida, a estos motivos obedecen los relevos sucesivos.

2. Por esta emergencia, es ineludible realizar una profilaxis o limpieza institucional. Es imprescindible deshacernos del lastre que se viene arrastrando como una herencia de gestión en gestión.

3. Debemos recuperar el orden, aplicando con rigurosidad las leyes y reglamentos institucionales. Debe imperar la disciplina, el control y la supervisión. Elaborar códigos de conducta sobre las actuaciones personales como aspecto disuasorio y de prevención de malas prácticas.

4. Se debe privilegiar a los efectivos meritorios que tienen vocación de servicio, que respetan y cuidan su carrera y la imagen policial. Debe primar la meritocracia y no las influencias políticas o de terceros. Desechar el clientelismo y el nepotismo, además, la eficiencia y calidad del uniformado, para evitar legítimos motivos de descontentos.

5. Extrañar y desterrar a los “arribistas”, que solo buscan el logro de sus intereses particulares, mediante y gracias a los ‘favores’ que reciben de algunos politiqueros de turno. Se debe garantizar la independencia de la institución frente a presiones políticas indebidas.

6. Crear oficinas de control interno y contrainteligencia que detecten e investiguen las irregularidades que cometen algunos elementos, que sean dependientes de la Inspectoría General.

7. Se debe contar con un buzón de quejas internas y externas, como mecanismo que ayude a evitar la corrupción. El denunciante debe gozar de protección.

8. Las reformas tan mentadas y que nunca se concretaron por falta de voluntad política, deben ser integrales, y empezar desde el reclutamiento y selección de los mejores aspirantes que demuestren compromiso para cumplir esta difícil, pero honrosa tarea. Los procesos de selección deben ser regulados, conocer en detalle todos los antecedentes del postulante.

9. Incidir en el campo ético, moral, derechos humanos, relaciones humanas y públicas.

10. Actualización y adecuación de la formación académica, de acuerdo a los megacambios que sufren las sociedades en esta época digital.

11. El Estado debe invertir en la capacitación permanente. Dotar con todos insumos necesarios en cuanto a ciencia, tecnología y pertrechos.

12. Creación de gabinetes sicológicos para someter a los policías a exámenes y test periódicos para detectar posibles inclinaciones corruptas, tal como se hace con los controles de alcoholemia y pruebas antidroga.

13. Además, incentivar la función policial con sueldos y jubilación digna es fundamental, en reconocimiento a su entrega protegiendo a la sociedad.

En conclusión: El cuerpo policial está enfermo y hay que curarlo inmediatamente. La sociedad requiere una institución confiable, con principios y valores que garanticen y respeten sus derechos y hagan cumplir las leyes como reza su misión constitucional. El Estado ha dejado prácticamente huérfana y solitaria a la institución del orden; a pesar de ser fundamental en democracia. Los regímenes políticos de turno la utilizan, en la mayoría de los casos, para satisfacer sus intereses partidarios, dejando como secundaria, su labor más importante, que es la protección de la comunidad mediante su labor de seguridad ciudadana.

Y como corolario de esta opinión, añado, que la sociedad debe ser justa con la institución del orden, condenando y reprochando las malas acciones y reconociendo aquellas buenas acciones que realizan los policías de honor en el cumplimento de su deber. No se puede medir con el mismo rasero o vara a todos sus integrantes. Una moneda tiene dos caras, premios y castigos. ¡Hay que darle a cada quien lo que le corresponde!