Opinión

‘Gauchos vendidos al imperio’

El Deber Hace 3/8/2018 8:00:00 AM

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Nuestro presidente acaba de agredir con rabia a los vecinos del sur. Una condena a muerte. Les ha dicho que cuando acudan a nuestros servicios de salud serán tratados como se trata a nuestra gente ¿Qué han hecho para que los amenace así? 

Nuestros compatriotas de todas las fronteras nacionales cruzan la línea divisoria para todo. Miles y miles de niños van todos los días a las escuelas de los países vecinos. La familia entera cruza la frontera en busca de médico, de hospital, de un remedio, de una radiografía. Allá los reciben, los atienden, les dan lo que aquí nadie les da. Cuando toca a los vecinos sufrir por salud mientras pasan por Bolivia y acuden al hospital, los tratan con la punta del zapato y les cobran todo. Les cobran la consulta. Les cobran la atención que no hay. Hasta la gasolina es más cara para ellos. Y, cuando se destapa la hiriente desigualdad, nuestros gobernantes les dicen que no esperen que demos a sus ciudadanos lo que ellos dan a nuestra gente.

Nuestro sistema de salud sobrevive solo. Nadie se hace responsable. Nadie lo financia para que sea auténtico servicio. Nadie vigila su calidad ni su calidez. Está abandonado y tiene que buscar el dinero que nadie le aporta. Por eso es caro. Por eso es malo. Es tan caro que no está al alcance de la gente. Es tan malo que es preferible morir en la propia cama. No atiende, no cura, no da remedios. No tiene camas para todos ni médicos para todo. No tiene sonrisas ni esperanzas para nadie.

Con lo bien que estábamos sin darnos cuenta del abandono y vienen los argentinos a destapar el muerto. Ha quedado en evidencia la inoperancia y la incapacidad oficial para atender a la población ¿Qué hacer? En nuestros hospitales no pueden esquilmar a los nuestros y a un metro atender sin costo a los extranjeros. No pueden sonreír a los de afuera y al lado gruñir a los nacionales. Tampoco se puede permitir que en Argentina desde ahora rechacen a los bolivianos por orden de nuestro Gobierno. Solo queda requintar porque parece que el imperio estadounidense ordenó a los hospitales argentinos que atiendan con respeto y que no cobren. Así dejan en evidencia al revolucionario Gobierno de Evo Morales. Quieren desprestigiarlo.

En cada aniversario al presidente no le alcanza el día para dar cifras de las fortunas que ha gastado. Pero no llena cinco minutos con los cambios reales, con los avances que ha logrado. La educación está peor que nunca. El servicio de salud ha llegado a niveles vergonzosos de calidad y a niveles inalcanzables de precio. No ha hecho viable el sistema de justicia ni garantiza ninguna seguridad. No ha desarrollado la capacidad productiva en ningún sector. Ha tenido excedentes inconcebibles y no ha empezado a estructurar un Estado que mejore la vida de su pueblo. Las transformaciones urgentes no han sido pensadas todavía. Quizás las han dejado para una próxima gestión, que no puede llegar.