El 7 de junio, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, fue entrevistado en el programa Conclusiones de CNN, que dirige el periodista Fernando del Rincón. Ocurrió luego de su controvertida visita a Bolivia cuando, contradiciendo sus anteriores afirmaciones, procuró justificar ahora su apoyo a la ilegal candidatura del binomio oficial. En esta entrevista este personaje insistió en lo dicho en Bolivia. Pareciera que no le hizo mella que, por esto, hubiera sido vapuleado en sus siguientes viajes a Argentina y Chile.

En su visita a Bolivia, Almagro evitó revelar que pretende ser reelecto secretario general de la OEA. Pero en el programa de CNN afirmó que no pidió el voto de Bolivia al presidente Morales, por no faltarle el respeto, lo que indica que sí está en el empeño reeleccionista. Pero confirmó su postulación cada vez más cuestionada. O es que ahora Almagro olvidó la advertencia de hace más de dos milenios: “La mujer del César no solo debe ser honrada, sino también aparentarlo”. Y eso él ni siquiera lo aparenta.

Almagro había captado simpatías en los demócratas del continente por denunciar las graves prácticas antidemocráticas del chavismo y del sandinismo de los Ortega. Lo aplaudimos. Pero ahora su visita fue al socio más cercano de Maduro, el que cree que el chavismo debe ser guía para el continente. Esto lo sabe Almagro: la representación de Bolivia siempre ha votado en contra de cualquier investigación o sanción al actual régimen venezolano –precisamente impulsada por Almagro–, de acuerdo con la Carta Democrática Interamericana.

Pero esto no termina ahí. Visiblemente nervioso en la entrevista con Del Rincón, Almagro procuró –ya lo había hecho en Chapare– justificar su reciente respaldo a la tercera reelección de Evo Morales, con la curiosa tesis de que la “Suprema Corte de Justicia de Bolivia” (sic) falló en favor de la tercera reelección de Morales y García; sin embargo, eso está prohibido por la Constitución y eso fue confirmado por el voto ciudadano. Más aún, un fallo del Tribunal Constitucional –el dictado en este caso es írrito– no puede, como arguye Almagro, reformar una norma constitucional. Pero, para este personaje, que es abogado, no aceptar la candidatura a la tercera reelección del binomio oficial de Bolivia, sería discriminatorio, pues otros candidatos lo consiguieron con dictámenes judiciales. De un plumazo Almagro niega que el pueblo es el que decide, al respaldar la pretendida reelección.

La ambición desmedida, la mentira desembozada y las interpretaciones torcidas, son propias de demagogos y aventureros. Esto debería saberlo el actual secretario general de la OEA. Su gestión la está cerrando con inconsecuencia y mentiras. Esto, a la larga, se paga.