La campaña electoral es el momento más importante en el proceso de construcción de política y democracia en cualquier sociedad y el componente central es, sin duda, la persona del candidato. Pero tendemos a olvidar que los candidatos son también la representación más concreta de un sector de la sociedad. El candidato sintetiza las reivindicaciones, aspiraciones y la esencia de un sector de la sociedad.De ahí que la identidad del candidato sea en gran medida la identidad misma de una parte del país. Por ende, las campañas responderán a esta identidad desdoblada, tanto del postulante como de la sociedad.

Tendremos entonces elecciones que enfrentarán dos visiones, dos historias de Bolivia, bastante distintas entre sí. Una innegable es expresión de la realidad popular, irreverente, luchadora y ansiosa de modernidad. La otra es la señorial, de privilegios de élite, presa de sus propias contradicciones culturales y hasta nostálgica, lo que trastoca su visión (también la tiene) de modernidad y desarrollo. Evo siempre representó al primer grupo, a las mayorías menos privilegiadas en nuestro país. No es de extrañar que nuestras campañas siempre hubieran estado abrigadas de pueblo. Por eso es natural que nuestro lanzamiento de campaña del 2019 se haga en una zona rural, como una clara muestra de los orígenes, esencia y pertenencia de nuestro candidato y presidente Evo Morales.

Existen dos lugares predominantes en Bolivia donde podrían lazarse con legitimidad histórica y política la campaña del MAS: Chapare y El Alto. Son lugares donde sus habitantes resistieron, enfrentaron y definitivamente, derrotaron al neoliberalismo.

Pero si bien el núcleo del respaldo de Evo es evidentemente el sector indígena –originario- campesino, este eje de articulación se ha irradiado a profesionales, clase media, empresariado, áreas urbanas y otros. Y es que Evo Morales, a diferencia de los otros candidatos, ha construido a lo largo de estos 13 años un respaldo social histórico. Evo condensa hoy la diversidad social, regional y cultural de nuestro país, y nuestra campaña será reflejo de esta realidad política.

La candidatura de Mesa, en cambio, no puede salir de manera más o menos efectiva ni siquiera de la zona sur de La Paz. Tiene problemas para relacionarse con las clases más humildes de las ciudades, con las áreas rurales e incluso es resistido por las clases medias y altas del oriente. Paradójicamente, es un candidato que se ha encerrado en el mismo campanario en el que colocaba a la burguesía cruceña en el año 2004. Y es lamentable, pero ninguno de los actores políticos que lo apoya lo hace porque crea en su proyecto o en su personalísimo liderazgo, sino que simplemente creen que Mesa es su mejor opción electoral para enfrentarse a Evo.

Por eso, Mesa está sentenciado a tener una presencia personal y electoral esencialmente en redes sociales y algunos medios de comunicación, pero no por artificios de nuestro Gobierno, sino por su escasa capacidad de articulación política real y casi nula voluntad propositiva. Sin trabajo político, no puedes pretender ser algo más que un buen discurseador.

El lanzamiento de este 18 de mayo ratifica que en el MAS seremos fieles a nuestro estilo de campaña movilizada; de comunidad, de asamblea, de cabildo. No solo porque nos representa mejor, sino porque ya demostró que es efectiva.

Las movilizaciones, el contacto directo con la gente, la explicación clara de lo que ya construimos y la Bolivia del futuro que podemos edificar junto a las nuevas generaciones de bolivianos, son y serán las líneas de acción.

En resumen, nuestra campaña será un ejercicio de renovación del vínculo histórico entre el liderazgo de Evo Morales, el carácter popular del Proceso de Cambio y las ansias de modernidad y justicia social de todo el pueblo boliviano.