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La poeta Silvia Rózsa y la Casa de la Cultura Raúl Otero Reiche han convocado a los poetas bolivianos y residentes en nuestro país a participar de la actividad Haikus en el museo, que pretende seleccionar textos e imágenes de los ‘haijin’, los creadores de este arte poético.

La convocatoria me trajo recuerdo de un cuento de Jorge Luis Borges titulado De la salvación por las obras, en el que narra que las divinidades del Shinto se reunieron para decidir el destino del mundo: “Una de las divinidades dijo: ‘Hace muchos días, o muchos siglos nos reunimos aquí para crear el Japón y el mundo. Las aguas, los peces, los siete colores del arco, las generaciones de las plantas y de los animales, nos han salido bien. Para que tantas cosas no los abrumaran, les dimos a los hombres la sucesión, el día plural y la noche una. Les otorgamos asimismo el don de ensayar algunas variaciones. La abeja sigue repitiendo colmenas; el hombre ha imaginado instrumentos: el arado, la llave, el calidoscopio. También ha imaginado la espada y el arte de la guerra. Acaba de imaginar un arma invisible que puede ser el fin de la historia. Antes de que ocurra ese hecho insensato, borremos a los hombres’. Se quedaron pensando. Otra divinidad dijo sin apuro: ‘Es verdad. Han imaginado esa cosa atroz, pero también hay esta, que cabe en el espacio que abarcan sus diecisiete sílabas’. Las entonó. Estaban en un idioma desconocido y no pude entenderlas. La divinidad mayor sentenció: ‘Que los hombres perduren’. Así, por obra de un haiku, la especie humana se salvó”.

Después de leerlo recordé al maestro Matsuo Basho: “Este camino/ nadie ya lo recorre, / salvo el crepúsculo”. Muchos grandes poetas occidentales hicieron suya esta hermosa forma poética, Octavio Paz, Jorge Luis Borges, Antonio Machado. En nuestro país existen excelentes poetas que salvan al mundo con sus precisos y preciosos, entre ellos puede nombrar a Ricardo Ballón, Arnaldo Mejía, José Villar y Carlos Saavedra, que tienen varios libros de haikus, así como a los jóvenes Marco Zárate, Sandra Concepción Velasco, Waldo Xavier Varas y a otros poetas que aún no tienen libros impresos, pero que publican en las redes o en revistas virtuales como Miolett Argote, que mantienen la esencia del haiku, que es la epifanía de la relación del ser humano con la naturaleza, la iluminación del instante, como en este de Octavio Paz, que define la métrica del haiku: “El mundo cabe/ en diecisiete sílabas:/ tú en esta choza”. Envíen sus haikus al concurso.