Escucha esta nota aquí

El pasado 24 de septiembre fue la fecha elegida para la difusión internacional del libro “El corredor estrecho: Estados, sociedades y el destino de la libertad”. Los autores son los académicos Daron Acemoglu y James Robinson, quienes escribieron un éxito en ventas previo “Por qué fracasan los países”. El último nos visitó en ocasión del Foro Económico de Cainco 2014.

El argumento principal del libro más reciente es que la mejora persistente de la prosperidad de las naciones depende del adecuado balance entre el respeto a las libertades individuales como también del respeto a la ley y las instituciones.

La primera por sí sola implica caos y la segunda un esquema de control absoluto. Menciono este aspecto porque cuando revisé la historia cruceña en la segunda mitad del siglo XX, durante la elaboración de la propuesta “Desafíos del Siglo XXI” y el portal www.santacruzdata. com, me fue posible encontrar ese balance entre la iniciativa privada plasmada en miles de emprendimientos como también en una institucionalidad sólida que permitió ordenar y conducir el desarrollo.

En la primera transformación económica de Santa Cruz convergieron varios aspectos, como la producción de hidrocarburos al inicio y agroindustrial posteriormente, que combinadas con una infraestructura adecuada y una institucionalidad sólida, derivaron en el éxito del departamento.

De esa forma, “Santa Cruz se convirtió en la principal proveedora de alimentos para el país, en la región exportadora más importante y en el contribuyente mayor a las arcas fiscales por concepto de impuestos de diverso tipo”, como lo señaló el historiador cruceño José Luis Roca, en su última obra “Economía y sociedad en el oriente boliviano (siglos XVIXX)”, publicada en 2001.

Analizando los datos fríos, se puede apreciar que precisamente ese año marcó un hito en el aporte de Santa Cruz a las divisas y a la actividad económica del país: 40% de las exportaciones y 31% del Producto Interno Bruto. En 2018, estas cifras fueron 26% y 29%, respectivamente.

En cambio, una cifra que sigue en aumento es la proporción de bolivianos que vivimos en el departamento: 24% en 2000 y 29% al presente. Con este patrón, entre 1992 y 2018 el crecimiento promedio anual del PIB real por habitante cruceño fue 1,5%, mientras que en el resto del país fue 2,1%.

Por tal motivo, el PIB por habitante en Santa Cruz es hoy 18% más alto que en el resto de los departamentos, mientras que en 1992 fue 38% más alto. Este proceso no es malo por sí mismo, ni siquiera extraño.

En economía se conoce como “convergencia”. Las regiones menos desarrolladas crecen a tasas más altas que las más desarrolladas, de tal forma que poco a poco los ingresos por habitante se igualan. Paulatinamente Santa Cruz y el resto de los departamentos del país convergerán a niveles similares de bienestar económico y social.

Este siglo es distinto y mucho más exigente. Vivimos en medio de una transformación tecnoló- gica rápida y casi impredecible.

Los ejes de poder se van moviendo gradualmente hacia el Oriente, en especial a China y la India. Y los desafíos climáticos se hacen evidentes.

En ese entorno, Santa Cruz debe analizar y proponer líneas de acción para su desarrollo, porque la inacción la perjudicaría seriamente. Ya Roca lo advertía en 2001 “A fin de que mantenga este ritmo cruceño de sostén de la economía nacional, se necesita una imaginación y creatividad de la misma magnitud que la mostrada por hombres de la generación de hace medio siglo. Caso contrario, la prosperidad actual de Santa Cruz podría convertirse en un mero referente histórico.”

Santa Cruz tuvo una historia de éxito en el siglo XX y ha mantenido su sitial en el presente siglo. En adelante deberá enfocarse gradualmente en nuevas actividades por medio de la innovación junto con mejor capital humano.

Es pues, la hora de la segunda transformación económica cruce- ña, la cual dependerá de ese notable espíritu emprendedor cruce- ño y un adecuado ordenamiento y entendimiento institucional en la metrópolis y el departamento. ¡Viva Santa Cruz…!