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Un estudio publicado en la revista Nature revela que las guerras existieron entre 3.000 y 4.000 años antes de lo que se pensaba, hace unos 10.000 años.

En concreto, los investigadores, liderados por Marta Mirazón Lahr y Robert Foley de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), describen en este artículo la evidencia de violencia entre dos grupos hace 10.000 años a las orillas del lago Turkana (Kenia).

Los científicos analizaron restos humanos de 27 individuos, indica a José Manuel Maíllo Fernández, del departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y uno de los autores del trabajo.

Los restos fósiles pertenecían a 21 adultos y seis niños. Encontraron además un feto de entre seis y ocho meses en la cavidad abdominal de una de las mujeres, lo que supone una de las pruebas de la crueldad y violencia utilizada, afirma Maíllo.

Diez individuos mostraron evidencias de violencia "perimortem", como marcas de impacto o fracturas por acción violenta, mientras que otros dos aparecieron con las manos unidas, lo que se puede interpretar como que estaban atados.

"La posición de los cuerpos no seguía ninguna disposición clara, tampoco en su orientación, en una clara evidencia del abandono tras la muerte", opina Maíllo.

La razón de la masacre sigue siendo incierta. Los autores especulan que podría ser el resultado de una incursión por los recursos, territoriales o alimenticios, pero también sugieren que simplemente podría haber sido una "respuesta antagónica estándar" entre dos grupos que se encuentran, no se gustan y se pelean.

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Los nuevos descubrimientos

Estos datos son significativos porque hasta ahora se había vinculado guerra con los primeros productores, además de con sociedades jerarquizadas y sedentarias, añade este científico.

Además, la violencia se había relacionado con carestía de alimentos, lo que no se daba en esta zona (el lugar del yacimiento es ahora desértico pero hace 10.000 años era una típica sabana africana con abundante fauna que vivía a las orillas del lago).

Los hallazgos de Nataruk suponen, por tanto, el caso más antiguo demostrado científicamente de violencia entre dos grupos de cazadores recolectores y "desafían las teorías sobre el origen y la antigüedad de la guerra", según la argentina Marta Mirazón.