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Desde que David Beckham, Frank Lampard, Steven Gerrard y Wayne Rooney echaron a Ecuador de octavos de final en la Copa del Mundo de 2006, Inglaterra nunca había logrado ganar una eliminatoria directa ni en el Mundial ni en la Eurocopa. El martes, por penales y ante Colombia, Harry Kane, Jordan Pickford, Gary Lingard y compañía se plantaron por fin en cuartos y ahora van por lo conseguido por la generación de Paul Gascoigne, David Platt, Gary Lineker y Stuart Pearce, que se plantó en semifinales de Italia 90 y solo fue tumbada por penales por la Alemania de Lothar Matheus, que al final sería campeona del mundo.

Las tres generaciones de equipos ingleses tienen algo en común: talento excepcional. Gascoigne era un mediocampista excepcional, tan habilidoso que ni parecía inglés, pero con un gusto particular por la botella que lo hermanaba con Garrincha. Junto a él estaba David Platt y adelante Gary Liniker, que antes de inventar frases ingeniosas ganaba botas de oro en los mundiales. No se coronó. Tampoco lo logró la siguiente generación. Nadie entiende los sucesivos fracasos de un equipo nacional que tenía entre sus filas a Rio Ferdinann en la defensa, un centro del campo integrado por Beckham, Lampard y Gerrard y un delantero como Rooney. Ahora, Kane lidera una generación de jóvenes leones que son una mezcla del tradicional juego pragmático inglés, con un talento casi eléctrico de Lingard, Stearling y Ali, que tal vez necesite madurar un poco más antes de convertirse en campeona.

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El rival
En el partido del sábado tendrán al frente a Suecia, la selección de Jan Andersson que se empeña en comprobar que “ningún jugador es más que un equipo”. El juego de los suecos está lejos de parecerse al de su última generación exitosa, donde brillaban Brolin, Dahlin, John Dahl Tomasson y un joven Henrik Larsson, que salieron terceros en el mundial de EEUU 94.  

Hoy Suecia basa su éxito en ser un conjunto casi de anónimos. Andersson le cerró las puertas al regreso del Zlatan Ibrahimovic, y parece que el tiempo le dio la razón. “Hemos aprendido a jugar sin Zlatan y lo estamos haciendo bien”, dijo Marcus Berg, el delantero que heredó el puesto del delantero.  “Ahora somos un equipo”, afirmó Granqvist, capitán de Suecia. El mismo Ibra, que ha declarado que no mirará los partidos de su selección, cree que su ausencia les quitará presión. Parece que así ha sido. Suecia se ve muy descontraída en la cancha, dominó todos sus partidos, excepto contra Alemania, y ha demostrado un fútbol vertical en el que el equipo marca la diferencia.