Óscar Ortiz esperó hasta el último día, hasta el cierre de su campaña como candidato a la Presidencia por Bolivia Dice No, para darle un contenido que la gente pueda masticar a su lema de “manos limpias”. 

En un discurso extralargo, el único postulante nacido en Santa Cruz explicó por qué es importante -más allá de lo ético- tener un presidente que no sea corrupto, marcó sus distancias políticas e ideológicas con Evo Morales y Carlos Mesa y apeló al voto cruceño al comprometerse a cumplir todas las demandas del Cabildo del 4 de octubre: federalismo y 10% para salud.

Todo esto sucedió en el Parque Urbano Central, en el mismo espacio donde se festejó la aprobación del estatuto autonómico escrito por la Asamblea Autonómica, ese que daba al departamento el manejo de la tierra y de sus recursos naturales.

Ortiz habló allí de la federalización de la autonomía, de un nuevo pacto fiscal y de terminar con la confrontación entre bolivianos enterrando a la ‘vieja política’. Se ofreció a sí mismo y a su alianza como los fundadores de una nueva era en la política y el país.

Estuvo acompañado de los candidatos regionales, pero la palabra fue monopolio de Eliane Capobianco (candidata a primera diputada ‘pluri’), Tomás Monasterio (postulante a primer senador), el gobernador Rubén Costas y su acompañante de fórmula, Shirley Franco. “Estas son las verdaderas encuestas”, dijo Capobianco al ver a la gente que alcanzaba a llenar el espacio entre las dos torres del Parque Urbano. 

“Bolivia Dice No es un grito que tiene que dejar la calle para abrir las puertas de Palacio a este hombre, Óscar Ortiz”, sumó Monasterio. Costas se animó a rugir con los presentes y Franco recordó su ‘momento’ de la campaña, cuando en un debate increpó a García Linera sobre sus errores aritméticos, justo para decir que el Gobierno del MAS solo sabe dividir.

Así dejó a Ortiz ante el micrófono. Llegó disfónico por el cierre previo en Trinidad, y lanzó que hoy “a Bolivia no le basta con cambiar de presidente, necesita un cambio de era”, que el proyecto del MAS está agotado, que “Bolivia saldrá del Gobierno de Evo igual que entró, siendo un país pobre y subdesarrollado”, pero que también salió así del de Carlos Mesa, y que el cambio del proceso de cambio no puede ser un retorno al pasado.

Ahí metió la variable regional, tan olvidada por Ortiz durante toda la campaña. Aseveró que Morales y Mesa “creen que si permiten que Santa Cruz tenga poder, no podrán controlarlo”, y que usan la confrontación regional para minar el poder cruceño. 

No fue ahí cuando se comprometió a cumplir con el Cabildo, sino que comenzó a ponerle un contenido a su lema de ‘manos limpias’. Dijo que un país es corrupto si un presidente es corrupto, que la corrupción del MAS le cuesta a Bolivia $us 2.500 millones al año, que eso alcanza para hacer 25 hospitales al año, construir viviendas para todos, pagar la deuda externa y salir de la pobreza en 10 años.

Luego cargó contra Mesa, al que le reprochó cosas del pasado, como las acusaciones de que vendió su candidatura a Gonzalo Sánchez de Lozada, pero también su intención de hablar de coincidencias ahora, al final de la campaña. Aseguró que Mesa no quiso alianza con Demócratas porque no quería la federalización de la autonomía ni la estructura del partido, ni a un cruceño como aliado. 

“Por eso Mesa va al cabildo de La Paz y no viene al de Santa Cruz”, tiró. Recordó además las promesas del candidato de CC sobre Incahuasi en Chuquisaca. Después, cargó contra Evo Morales, al que dice que nunca perdonará, enumeró sus propuestas, dijo que las encuestas están locas y pidió que confíen en él, que aún puede ganar. “Ayúdenme a convencer a sus familiares, amigos y vecinos para que voten con nosotros. Es el momento de la esperanza, es el momento de ustedes, el momento de Santa Cruz”, imploró al cierre.