Entre las 20.00 y las 23.00 de ayer, domingo, Bolivia vivió las horas más intensas de su vida política en los últimos 15 años. La posibilidad de una virtual segunda vuelta entre Evo Morales y Carlos Mesa desató una serie de reacciones que mantienen la incertidumbre y que amenazan con incrementar un clima de tensión que ya existía.

Como pocas veces sucedió en comicios, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) arrojó primero sus datos de la Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP), incluso antes del conteo rápido realizado por la única empresa autorizada, Viaciencia.

Los datos entregados por el ente electoral dejaron perplejos a todos, con un 45,28% del Movimiento Al Socialismo (MAS), frente al 38.16% de Comunidad Ciudadana (CC), se daría pie a un histórico balotaje.

Carlos Mesa fue el primer candidato en pronunciarse públicamente ante el dato preliminar. “Estamos en segunda vuelta”, se animó a decir, cerca de las 20.20, mientras que Óscar Ortiz, que iba tercero según estudios de opinión, admitió su derrota al quedar cuarto, exclamando que los comicios se convirtieran en un referéndum contra Evo Morales, pero anticipó su apoyo incondicional a CC para la segunda vuelta.

Incluso el boliviano de origen coreano, Chi Hyun Chung, que quedó sorpresivamente tercero se pronunció antes de las 21.00, asegurando que no tenía nada que conversar con Morales y que estaba abierto a dialogar con Mesa en caso de existir una nueva votación.

Los minutos pasaron y solo restaban las palabras del jefe de Estado, que se encontraba en la residencia presidencial, analizando los datos, que claramente muestran que no puede revalidar su respaldo de pasadas elecciones, donde fácilmente superó el 50 y hasta el 60 por ciento del respaldo popular.

Una hora y media después de conocidos los datos preliminares, Evo salió raudo en un vehículo oficial, escoltado por su seguridad, con rumbo a Palacio Quemado, donde un puñado de sus militantes le expresaba su respaldo.

“Como siempre, estamos confiados en el voto del campo”, dijo Morales, acompañado por su vicepresidente, Álvaro García Linera, y algunos ministros, todos esperanzados en que los datos del área rural permitan al MAS evitar ir a una segunda vuelta, que, de confirmarse, tendría que realizarse el 15 de diciembre.

Tras ese pronunciamiento y ante el nulo avance de la transmisión rápida de datos, las dudas comenzaron a surgir.

Cerca a las 22.00 líderes políticos comenzaron a expresar su extrañeza ante el congelamiento de la difusión de los resultados. Fue el propio Mesa que alertó sobre una posible “manipulación”, pasando de un efusivo festejo a cierto temor de que los resultados finales pudieran favorecer al MAS.

El ambiente se tornó raro, debido a que el silencio por parte de las autoridades electorales se extendió. No se subieron más datos, hecho que provocó que sea la misión de observadores de la OEA la que tome la palabra, pidiendo una explicación al TSE de por qué se dejaron de transmitir los datos preliminares.

Minutos después de las 23.00 la Sala Plena del ente electoral reanudó su cómputo del voto en el exterior, pero antes, ante los fuertes cuestionamientos, su presidenta, María Eugenia Choque, se animó a calificar de “positiva” la entrega de datos al 83 por ciento, recordando que en pasadas gestiones eso llegó apenas al 60 o 70%.

Transcurrieron más de 17 horas y los datos del TREP no se mueven, mientras que la incertidumbre en territorio nacional y en el extranjero crece.

Por un lado, organizaciones montaron vigilias, anuncian movilizaciones y aseguran que no permitirán un “fraude; en otro frente, instancias internacionales llaman a garantizar la “transparencia”; y, en contraparte, desde el Gobierno piden “serenidad”, aunque exteriorizan “confianza” sobre un resultado favorable del 17 por ciento que resta por conocerse, insinuando que se aseguraría su victoria en primera vuelta.