Escucha esta nota aquí

Camila nació con los dedos de las manitos y los piecitos completamente pegados entre sí, por lo que en el futuro le resultaría imposible agarrar algo o escribir. Incluso andar por sus propios medios sería difícil, pero su familia encontró en el Hospital de Niños Mario Ortiz aliados claves para su desarrollo, pues en el departamento de Quemados, médicos especialistas en cirugías reconstructivas, corrigieron en gran parte su malformación congénita al punto de que ahora camina y va al colegio, escribe, pinta y comparte con sus compañeros pese a padecer cierto grado de discapacidad físico-motriz.

Camila ha sido sometida a 12 cirugías desde cuando tenía un año y medio: seis en las manos y seis en los pies. Ahora, a los siete años, le esperan un par de cirugías más para separarle los dedos del medio de ambos pies para concluir el tratamiento.

Cuando la pequeña estaba en la barriga de su madre, Ana Rivero, los médicos le diagnosticaron hidrocefalia. Al nacer comprobaron que padecía del síndrome de Apert, un tipo de acrocefalosindactilia, un trastorno congénito caracterizado por deformaciones en el cráneo, cara, manos y pies.

La mamá recuerda la primera cirugía de su hija fue en la cabeza a los 11 meses, porque nació con el cráneo cerrado; se le tuvieron que abrir para colocarle unas placas bioabsorbibles a fin de que no dañara el cerebro. Posteriormente vino la seguidilla de cirugías en las manos y en los pies. Todo se hizo de forma gratuita en el Hospital de Niños Mario Ortiz. “Gracias a Dios todo ha salido bien. Agradezco al doctor Carlos Vacaflor y a todo su equipo”, señaló Ana Rivero (34), que todos los días lleva a su única hija al colegio Sor María Cristina Pérez, donde Camila cursa el segundo de primaria.

Servicio a la sociedad

El cirujano plástico Carlos Vacaflor Montero explicó que un equipo multidisciplinario del hospital está altamente capacitado para hacer cirugías reconstructivas para todas las malformaciones congénitas: sindactilia, polidactilia, braquidactilia, bridas amnioticas en manos y pies o el gigantismo en los dedos denominado macrodactilia y otras enfermedades.

Parte del equipo formado por Vacaflor, Édgar Chávez, Dafne Serrano, los anestesiólogos y el personal de enfermería hacen cierre de heridas provocadas por accidentes en distintas partes del cuerpo y por secuelas de quemaduras, con técnicas concebidas por el propio equipo médico, como una que aplican para la macrodactilia, en la que reducen los dedos gigantes, pero conservan las uñas. 

La otra técnica es la del tibial anterior que es removido de su lugar para cubrir lesiones o traumas por fracturas múltiples de toda la tibia, en la que se ha perdido toda la piel y el injerto no pega. “El tibial anterior nos da para cubrir toda la tibia desde abajo hasta arriba. Si es necesario desinsertamos la región proximal para cubrir el área que ha sido dañada”, dijo Vacaflor.

Todo el servicio es gratuito para los pacientes menores de cinco años gracias a la ley 475. El centro atiende unas 600 cirugías al año en el quirófano y alrededor de 3.000 pacientes quemados de forma ambulatoria y hospitalizados.