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Las Fuerzas Armadas, a través de su comandante en jefe Willians Kalimán, anunció anoche operativos conjuntos con la Policía en busca de la pacificación del país. Antes, la institución del orden había indicado que fue ‘rebasada’ por los vándalos en La Paz, Cochabamba y Yapacaní. Vehículos militares artillados fueron observados patrullando anoche en varias zonas de El Alto.

La Paz siente el pavor en cada calle. La zozobra se respira en cada rincón de la sede de Gobierno. La gente está asustada porque grupos afines al MAS se organizan para trasladarse a zonas donde los bloqueos que exigían la renuncia de Evo Morales eran más fuertes. En El Alto, una movilización de 8.000 personas, aproximadamente, descendió corriendo al centro paceño con un grito: “Ahora sí, guerra civil”. Su objetivo, la plaza Murillo.

La Policía decidió evacuar el kilómetro cero. Sacó a las personas para evitar accidentes y ataques. Mientras, la turba corría gritando y recibía aplausos y vítores de la población alteña. Tenían palos y algunos fueron al encuentro sin nada.

En el barrio La Portada los policías decidieron abandonar el control. “Son como 8.000, nos van a matar”, decía uno de ellos.

En varios puntos del centro de La Paz se instalaron bloqueos. Se autodenominaron “La Resistencia”. Tenían palos y colocaron calaminas en cada esquina en las vías desoladas. Ellos decidieron evacuar sus concentraciones ante el descenso del grupo de El Alto. Decían que los afines al MAS tenían armas y que la Policía les orientó su salida del lugar. Algunos decidieron quedarse con escudos, palos y la bandera nacional que colgaba en su espalda.

La violencia se apoderaba cada hora. El domingo empezó el terror. La noche de esa jornada, luego de que Evo Morales anunció su renuncia, varios grupos se organizaron en el sur de la ciudad para cometer hechos vandálicos.

Por cada calle que pasaban, cometían hechos delincuenciales. Quemaron 62 buses Pumakatari, que son de propiedad de la Alcaldía, y también incendiaron casas de personajes, como la del rector de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), Waldo Albarracín, y de la periodista Casimira Lema.

Se conoció también que quemaron la casa del ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, de quien todavía no se conoce de manera oficial si renunció o no a su cargo. También se incendió la Alcaldía de El Alto y las instalaciones de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (Felcc) de esa ciudad.

Varios negocios de la zona sur paceña fueron destrozados. Sus vidrios fueron quebrados y a varios ingresaron para sustraer pertenencias y dinero. El dirigente del MAS Franklin Flores negó que esa turba sea de militantes del oficialismo y consideró que son personas “molestas” por la renuncia de Evo Morales. “Ante un golpe de Estado hay una reacción. Nosotros, como MAS, no organizamos nada”, dijo.

Conflicto en el sur

Ayer, La Paz amaneció tensa. Sus calles estaban vacías, con pocos coches y poca gente. En la zona sur se concentró la violencia. En el barrio de Chasquipampa se concentró el terror. También en Irpavi y Bolognia, donde grupos del MAS bloqueron vías y amenazaban a vecinos. En Sopocachi y el centro se colocaron barricadas para evitar el ingreso de vándalos. Aunque también algunos estaban armados con palos y fierros.

Desde muy temprano, vecinos alertaron a través de las redes sociales que turbas afines al MAS se concentraban en Chasquipampa, y que se disponían a iniciar su paso por la zona sur en busca de nuevos objetivos. Lo mismo ocurrió en la zona de Irpavi II, como en la región de Mallasa, donde se encuentra la casa del excandidato presidencial Carlos Mesa.

Después de las 11:00 de la mañana, decenas de camionetas llenas de efectivos comenzaron a salir desde la sede del Distrito Policial 4, de la zona Sur.

En Cota Cota e incluso en Los Pinos, se vio a los vecinos salir corriendo, tocar los timbres de las casas y pedir a gritos que la gente salga de sus casas para concentrarse en la calle 25 para contrarrestar a los vándalos. Los efectivos pasaban y eran aplaudidos y ovacionados por los vecinos que pusieron barricadas y no permitieron el paso de vehículos, por seguridad. Cada puente, cada ingreso estaba cerrado con barricadas y decenas de personas ataviados con palos y elementos contundentes.

La Policía contuvo el paso de las turbas, y hasta el DP-4 llegaban las camionetas que transportaban detenidos. Los policías se acercaron a los periodistas y pidieron que no hagan ningún tipo de imágenes. Un efectivo señaló que la situación era muy delicada y reclamó que era necesaria la intervención de los militares, para pacificar el país.

La calma en la zona sur retornó pasadas las 13.00. Sin embargo, no se observó la presencia de transporte público, mientras que muy pocos vehículos circularon.

En los barrios, a partir de las 15:00, los vecinos comenzaron a salir de sus casas a reforzar los puntos que fueron atacados por los vándalos. Se preparaban para la “guerra”, declararon algunos de ellos.