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Bolivia despidió el domingo a los pilotos de autos del afamado Rally Dakar 2015 en la inmensidad del desierto de sal más grande del mundo, el Salar de Uyuni, desde donde muy temprano comenzaron a enfilar hacia Iquique, en la octava etapa de la competencia más peligrosa y extrema del mundo.

Con una extensión de 10.000 kilómetros cuadrados, el inmenso desierto de sal fue testigo de la partida de los autos en una etapa inédita en la historia del Dakar, que pasa por segunda vez por Bolivia, pero que el año pasado no pudo atravesar el Salar por la humedad.

En filas de cinco, en Playa Blanca, en la localidad de Colchani, los autos comenzaron una nueva aventura en medio de miles de aficionados bolivianos, del presidente Evo Morales y del vicepresidente Álvaro García Linera, que despidieron a los pilotos con un enorme orgullo, porque el Salar de Uyuni está en los ojos del mundo.

El piloto boliviano, Marco Bulacia, uno de los sobrevivientes en la competencia, que largó con un gran apoyo, expresó su confianza en concluir esa etapa "de la mejor forma", tomando en cuenta que en la etapa del sábado, entre Iquique y Uyuni se situó en el puesto 39 de la tabla general de esa competencia.

El presidente Evo Morales, que participó en la largada de los competidores, expresó su orgullo por el enorme apoyo brindado por el pueblo boliviano al paso del territorio nacional de la competencia internacional.

"Estoy muy contento, feliz, porque también el pueblo boliviano comparte esta fiesta deportiva, esta fiesta de integración. Bolivia está en la mira del mundo", dijo Morales.

El mandatario boliviano calificó de "impresionante" ver el paso de los competidores por el Salar de Uyuni y mencionó que este hecho histórico "levanta la moral de todos los bolivianos y bolivianas".

Los autos, liderados por el ganador de la séptima etapa, el argentino Orlando Terranova, comenzaron su travesía acompañados por una cantidad similar de helicópteros de los organizadores, Amaury Sport Organisation (ASO).