Senkata, el barrio de El Alto donde hace tres días murieron ocho personas en un operativo policial y militar, se movía este viernes entre la tensión de quienes mantienen bloqueos en la avenida principal y los intentos de la población que buscaba retomar su cotidianidad.

El panorama en la ruta central que surca Senkata, que es parte de la carretera hacia la región andina de Oruro y la central Cochabamba, lucía un poco diferente a primera hora de la mañana respecto a jornadas anteriores.

Decenas de vehículos, sobre todo de transporte público, buscaban abrirse paso en medio de los escombros usados para bloquear la vía días atrás.

Algunos conductores optaban por ir por rutas alternativas, aunque todos se daban media vuelta al llegar a la intersección conocida como la extranca de Senkata, donde persistía la tensión por los sucesos del martes.

No hay paso

Al ver aproximarse a los vehículos, las decenas de personas aún concentradas en la extranca comenzaban a silbar, gritaban "no hay paso". O salían al encuentro con piedras en mano para impedir que sigan avanzando, mientras que quienes iban en bicicleta o motocicleta no tenían inconveniente para pasar.

En medio de la avenida, la gente que estaba decidida a no levantar el bloqueo deliberaba, mientras en los alrededores algunas vendedoras ambulantes ofrecían desayuno o comida a los transeúntes.

Los movilizados reclaman la salida del Gobierno interino de Jeanine Áñez.

El sector de la planta de gas que el martes fue el escenario principal del operativo de fuerzas del orden lucía más en calma que en los días pasados, con decenas de personas caminando apuradas, intentando llegar algunas a sus fuentes de trabajo o en busca de transporte para salir del barrio.

Sin gas para cocinar

La puerta principal de la refinería sigue custodiada por militares, con una especie de cintas plásticas y alambre para impedir el paso a personas ajenas.

En la puerta trasera se formó una fila de vecinos de Senkata o llegados desde otras zonas alteñas en pos de comprar al menos una garrafa de gas licuado de petróleo (GLP) para poder cocinar.

Los hombres llegan al lugar con las garrafas a cuestas o en carretillas, mientras que algunas cholitas, las emblemáticas mujeres aimaras, se aproximan cargándolas en sus aguayos, los coloridos tejidos indígenas que cargan a sus espaldas.

"El hambre no espera", "queremos gas", "nos estamos muriendo de hambre", son algunas de las consignas que grita la gente al ver aproximarse a la prensa, mientras espera alguna novedad desde dentro de la planta.

La distribución de GLP en El Alto y la vecina La Paz ha sido irregular desde los conflictos del martes, pues precisamente es esta refinería la que abastece de ese combustible y también de gasolina y diesel a ambas ciudades.

La estatal Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) alertó de que "a raíz de los conflictos y daños ocasionados al interior de la planta" de Senkata "se ve seriamente afectado el abastecimiento de GLP".

De vuelta al bloqueo 

A medida que avanza la mañana, los bloqueadores también van ganando terreno y obligan a los minibuses, unos populares vehículos de transporte público, a darse media vuelta en plan de gritos y silbidos, mientras la gente que necesita salir de Senkata corre para tratar de alcanzarlos antes de que partan.

Pocos negocios se animan a abrir ante la tensión, que aunque no es tan fuerte como hace dos o tres días, persiste en la zona.

El pasado martes en un operativo militar y policial frente a la refinería en Senkata perdieron la vida ocho civiles por disparos, cuya autoría se investiga mientras el Gobierno de Áñez niega que fueran del Ejército.

Bolivia está sumida en un grave conflicto desde el día después de las elecciones del pasado 20 de octubre, cuando comenzaron las denuncias de fraude a favor de Evo Morales, que fue proclamado después vencedor para un cuarto mandato consecutivo.

El pasado 10 de noviembre la Organización de Estados Americanos advirtió en un informe graves irregularidades en los comicios y Morales anunció su renuncia para al día siguiente salir asilado hacia México.