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“Los cálculos indican que la gente pasa entre un tercio y la mitad de su tiempo sola cada día”, señala en un comunicado la universidad israelí de Bar Ilan, que encabezó una investigación publicada en la revista Journal of Personality and Social Psychology, basada en pruebas con 700 personas.

El estudio dice que pasar demasiado tiempo a solas tiene un impacto sobre el comportamiento social y es un fenómeno cultural en aumento.

“Cuando piensan en sí mismos solos, estos individuos experimentan una capacidad reducida para confiar en los demás”, lo que aumenta su nivel de desconfianza en relación al mundo social, argumenta Liad Uziel, doctor del Departamento de Psicología de la Universidad de Bar Ilán y coautor del estudio.

La investigación sostiene que estas personas perciben el tiempo a solas como si su entorno social las descuidara, se sienten mal, “piensan que solo pueden confiar en sí mismas”, lo que se puede expresar en un comportamiento “cada vez más egocéntrico y egoísta”.

Esto obstaculiza la capacidad de reintegrarse a actividades sociales e incrementa las posibilidades de ser rechazadas. Puede profundizar la problemática de la alienación social.

 Soledad sana o patológica

La sicóloga clínica Centa Rek explica que es necesario reconocer dos situaciones. “Una que es la decisión de pasar tiempo a solas y otra que es la imposibilidad de abordar lo social. Habría que diferenciarlas, la segunda se da cuando la gente tiene síntomas emocionales, miedo, ansiedad y fobias, eso ya es una patología o problemática emocional. En el primer grupo, la persona se siente cómoda a solas, con tiempo de calidad dentro de su soledad, pero es capaz de regresar a la dinámica social cuando lo desea, esto sobre todo se da en quienes encuentran placer en actividades como investigar o crear”, aclara.

La sicóloga Katherine Suárez cree que a los seres humanos les cuesta estar solos porque por naturaleza son sociales, pero reconoce que tienen periodos de soledad, de encontrarse con ellos mismos y ‘saborear’ el tiempo.

Para ella, la clave está en saber a qué se debe el deseo de estar solos, “hay quienes están en una búsqueda personal tras pasar por cambios importantes y esto los hace aislarse, por ejemplo, las decepciones, que acumulan experiencias negativas, empuja a buscar mecanismos de defensa”.

También cree que hay los más selectivos con sus amistades, priorizando la calidad de las relaciones. “El peligro está en quedarse estancado, es un problema cuando hay episodios de depresión leve, algunos estudios señalan que la soledad conlleva cambios en el sistema inmunológico, aportando a enfermedades como el cáncer”, dice. Otras investigaciones apuntan a que es factor de riesgo en males neurodegenerativos, como Alzheimer y demencia.