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Texto: Silvana Vincenti - EL DEBER

Por mucho tiempo incomodó al Gobierno de Evo Morales y vivió la lucha por la democracia con la bandera del 21F en una mano y su cámara en la otra; acompañó las marchas indígenas por el Tipnis, recibió golpes en la toma del Conamaq y fue agredido en Chaparina, donde le quitaron su instrumento de trabajo.

Ese era Samy Schwartz, el de amigos y familiares con el Jesús en la boca, porque donde había pleito político, ahí estaba, listo para registrar cada instante. La mayoría de las veces ad honorem.

Le dijeron de todo, desde que era un infiltrado de la CIA hasta fotógrafo de pacotilla y sionista, y mientras más lo invocaban, más ganas tenía de aparecer. A ninguno de sus conocidos le queda duda de que era un rebelde con causa, una oveja negra a los ojos del poder, con ayuda de su oficio, la fotografía, que estudió en California.

Hoy, a las 11:00, lo entierran en el Cementerio Israelí, ubicado detrás del Cementerio Norte (avenida Alemania), tras ser velado en el Círculo Israelita de Santa Cruz, por Equipetrol. Antes, limpiarán su cuerpo para purificarlo. Samy creció en la fe judía y era miembro de esa comunidad, además de un querido integrante de la fraternidad Sumuqué y de la comparsa Vagabundos, ex alumno de los colegios Alemán y Santa Cruz Cooperative School. Casado dos veces, padre de dos hijas, Eva (21) y Hanna (14), que vive en Suiza. El segundo de cuatro hermanos, con Raquel, Mónica y José. Hijo de Motel (+) y Guicha Schwartz.

Falleció en las primeras horas del jueves 5, tras su arribo de Europa y luego de La Paz, donde visitó a la presidenta, Jeanine Áñez, que además era una amiga.

A Europa tuvo que irse un día después de publicar en su cuenta de Twitter que la vida de Luis Fernando Camacho estaba en riesgo. Siempre recibía amenazas, dijo su hermana, la artista plástica Raquel Schwartz, pero esta última fue más grave.

El miércoles 4 estuvo en La Paz, invitado por la presidenta de transición, Jeanine Áñez, con quien grabó un video. En las imágenes ya se notaba que le costaba respirar.

Carolina Forno, amiga de Samy, dice que no pudo recuperarse desde el día que en la plaza Abaroa, en La Paz, le invitaron un chicharrón de pollo.

“Llegaba la marcha de Konani (hace un año exactamente) y él estaba tomando fotos, sin almorzar, le insistieron para que aceptara la comida y Samy comió con rapidez. Desde ese momento estuvo mal, la comida tenía un gancho, tuvieron que operarlo y sacarle 13 centímetros de intestino. Él no tenía problemas cardiacos, tuvo una bronco aspiración y eso le provocó el paro cardiorrespiratorio”, explicó.

Poco antes de morir, al llegar a Santa Cruz desde La Paz, Samy se sentía mal y Forno lo acompañó a la clínica Incor, donde le hicieron análisis de pulmones y corazón. No hubo señal de alerta.

El periodista John Arandia anunció en sus redes que pedirá una investigación por el supuesto atentado contra la vida de Samy, sin embargo los familiares indicaron que hasta ayer no había denuncia alguna al respecto.

“Era la persona más noble, sin prejuicios, colaboradora, desprendida, convencido de las cosas por las que luchaba (la democracia y el Tipnis). Este hueco es muy difícil de llenar, era un guía de fe en la democracia”, recuerda Forno.

“Era un luchador, en la familia nos oponíamos a veces, nos preocupábamos, pero siempre defendía lo que consideraba la verdad y la justicia, arriesgándose él y a todos. Siempre fue amiguero, compañero, buena persona, excelente padre, amoroso, generoso. Cumplió su misión, eso por lo que luchó 14 años, espero que esté feliz”, dijo conmovida su hermana, Raquel Schwartz.

En El Deber Radio, Celso Padilla, que fuera uno de los protagonistas de la marcha por el Tipnis, expresó su impotencia, “hay mucho por hacer, se viene una nueva elección y seguro eso era un desafío para él; se fue adelantado. Donde se encuentre, solo pido gloria para él”, sostuvo.