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Recuperar la política

Juan Cristóbal Soruco Hace 12/12/2019 7:00:00 AM

Las divergencias entre los líderes cívicos de Santa Cruz y Potosí han copado la agenda pública en todo el país y, particularmente, en Santa Cruz, y han abierto espacio, nuevamente, a una forzada polarización que no hace bien a la sociedad.

Soy de los convencidos de que la única manera de avanzar en el desarrollo y en la consolidación del sistema democrático es haciendo primar las propuestas de futuro antes que los intereses específicos, por más legítimos que sean.

Estamos saliendo de un largo proceso crecientemente autoritario en el que el culto a la personalidad ha sido un factor sustancial para su fracaso. Paradójicamente, las necesarias demandas sociales de recambio han venido a chocar con un refortalecido personalismo, craso error que nos conduce a vivir situaciones de tensión por la pugna –llena de mala fe- entre quienes se sienten líderes.

Conviene recordar que las respuestas a los desafíos de las actuales circunstancias no pasan solo por las personas que han sido actores importantes en las diferentes etapas que se han vivido en estos últimos 14 años de vigencia del denominando proceso de cambio, sino por la capacidad que se tenga de ofrecer a la sociedad propuestas y visiones de país.

En ese sentido, el nuevo ciclo que se abre no será viable si no se recupera el sentido de que la política es una actividad de servicio. De lo que se trata es de agregar, bajo determinados parámetros ideológico-políticos, las demandas de la ciudadanía, incorporarlas con criterios de equidad en un programa de acción, convencer a la gente de la validez de la propuesta y, luego, tener la capacidad de traducirla en la acción concreta.

Si así se entiende la acción política, ésta no puede estar, primero, en manos improvisadas. De la misma manera que uno, cuando se enferma, busca un médico bien formado y con experiencia, y no un recién egresado, los operadores políticos deben ser personas que han acumulado experiencia en el manejo del Estado y en la formulación de propuestas y visiones de país que trascienden lo meramente corporativo, pues se debe gobernar para el país y no solo para el entorno de sustento.

Segundo, la política no debe encomendarse a quienes la conciben como una actividad lucrativa más y han incursionado en ella sobre la base de dinero o un carisma particular, aprovechando las crisis que en forma cíclica sufren los sistemas político-partidarios vigentes.

En ese orden y solo con afán de encontrar ejemplos, las negociaciones políticas deben adecuarse a las circunstancias en forma constante. En un momento como el actual, transar sobre dos aduanas regionales no solo muestra angurria sino estupidez. Ahora estamos en el tiempo de los diagnósticos, de las ideas, del acercamiento de visiones distintas y de conformación de equipos que permitan elaborar programas de gobierno… y ya llegará el momento de distribuir el ejercicio del poder en función de la capacidad que tenga determinado sector o persona para solucionar los problemas existentes y no para aprovecharse de ellos.

En fin, lo que ha sucedido entre los dos dirigentes cívicos sirve para reiterar que uno de los desafíos que tenemos en el país es recuperar el concepto de la política como servicio, así como valores éticos, sentido de solidaridad y respeto al adversario, indispensables para determinar horizontes.

De otra manera, seguiremos tropezándonos en la misma piedra…