Escucha esta nota aquí

Centa Rek López - Exsenadora por Santa Cruz

Ni bien los comités cívicos declararon que nuestro país ingresaba en resistencia pacífica, nos convertimos en un diligente ejército de ciudadanos comprometidos con la defensa del voto escamoteado en un vergonzoso fraude.

Las sociedades reaccionan de manera espontánea cuando las causas representan los deseos que han anidado por años en sus corazones y son reflejo fiel de sus ideales y anhelos. No medió ningún tipo de imposición, todos queríamos participar y ser actores de esta lucha por la liberación.

Los hombres, los jóvenes y las mujeres nos sumamos entusiastas y es de resaltar el papel que protagonizamos las mujeres que nos involucramos en cuerpo y alma para constituirnos en pilar y actoras indiscutibles de esta batalla que tuvo como cuartel las calles, los bloqueos y las acciones pacíficas que al final de la batalla lograron liberar a Bolivia.

Activistas y luchadoras

Ellas, nosotras, vistiendo faldas o shorts y pantalones, con pañuelos rojos o con la tricolor o la verde y blanco a manera de capa, nuevo atuendo de la revolución gestada. Mujeres conscientes del rol histórico que nos tocaba cumplir en el acuciante momento.

Así surgió la brillante idea de las ollas comunes, colectando alimentos, repartiéndolos en barrios alejados de escasos recursos, cocinando cientos de platos para alimentar barrios y ciudades.

Mujeres incansables en el rol protagónico de activistas involucradas en la resistencia pacífica por una Bolivia de paz y respeto a la democracia, a los derechos humanos y políticos.

Guerreras al servicio del pueblo

Las armas fueron los teléfonos celulares con los que día y noche circulábamos noticias o alertábamos sobre amenazas; también los megáfonos y equipos para entonar el himno nacional o cánticos contra el viejo régimen que pretendía perpetuarse.

También llevábamos a cada puesto de bloqueo la biblia, el rosario o el culto, porque esta revolución fue sobre todo una lucha espiritual, sin violencia y con fervor en la presencia y apoyo de nuestro creador.

No olvidemos el gran papel que tuvieron las mujeres de los policías. Ellas a la cabeza de lideresas como Ruth Nina, fueron la punta de lanza de las protestas y el descontento de sus esposos maltratados y postergados. Combativas y decididas a estar del lado del pueblo y de la demanda que nos une como mujeres de este nuevo siglo, de esta nueva manera de ser protagonistas que escriben la historia.

Para completar el rostro de mujer impreso en estas gestas, la presidencia constitucional de nuestra patria recayó en una beniana que en forma decidida y valiente tomó las riendas del país.

Ella, Jeanine Áñez Chávez, con fortaleza, con entrega, sin titubeos, incondicional, cargó en sus hombros la responsabilidad de asumir las demandas ciudadanas, para encarnar el cambio, la inclusión y el protagonismo que las mujeres hemos conquistado por nuestra propia valía, por nuestros propios actos, que al liberarnos nos convierten codo a codo con otros actores en integrantes del ejército de libertadores de Bolivia, ahora, ¡las libertadoras liberadas!