Edición Impresa

20/20

Ciro Áñez Núñez Hace 1/3/2020 7:00:00 AM

Escucha esta nota aquí

El 2019 fue un año difícil con muchos sucesos, cargado de adrenalina y entre los más destacables, se encuentra la fuerza de la voz del pueblo boliviano, quien habiéndose manifestado mediante cabildos advirtió con bastante claridad de que existiría resistencia civil en caso de fraude electoral y ante dicha situación empezaría una histórica y persistente lucha con fe y coraje por las libertades individuales hasta la renuncia del dictador; situación que para entonces, aquel gobierno de turno, hizo caso omiso, prestó oídos sordos y restó importancia a la relevancia de dichos cabildos.

Recordemos, por ejemplo: en el gran cabildo en Santa Cruz (4 de octubre), el pueblo expresó su total repudio ante el desastre ambiental y el terrible daño a la biodiversidad ocasionado por los incendios en la Chiquitania; y, a su vez, señaló el rumbo de la resistencia civil en caso de fraude electoral; mientras tanto, en el cabildo de La Paz (31 de octubre), ante el evidente fraude electoral, aprobó mantener la lucha hasta la renuncia de Morales y la independencia política del movimiento con la arenga: “ni Mesa, ni Evo Morales”; y, así, sucesivamente, el pueblo boliviano fue manifestándose en todos los departamentos de Bolivia con similares decisiones concretando un largo paro cívico pacífico con mucha fe y coraje donde lamentablemente llegó a ser nuevamente víctima de la tiranía del dictador por los saldos de muertos y de muchos heridos a nivel nacional.

Ante esta situación, después de casi 14 años en el poder omnímodo, el 10 de noviembre, Evo Morales renuncia a la presidencia en medio de una profunda crisis política provocada por su gestión de gobierno colmada de corrupción, abuso de poder, violaciones a los DDHH, vulneración a los valores, principios, derechos y garantías constitucionales, entre ellas: su tozudo intento de reelección indefinida y porque se develó el fraude más vergonzoso de la historia de Bolivia.

Posteriormente, el martes 12 de noviembre, el ciudadano Morales decide abandonar el país; y, después de seguir la línea de sucesiones constitucionales, finalmente asume la Presidencia Constitucional, la senadora Jeanine Áñez, con el encargo de convocar elecciones generales.

Con todo esto y más, empieza el año 2020 con nuevas oportunidades para que entre todos los bolivianos logremos un mejor país.

En ese sentido, debemos tomar tiempo para evaluar nuestra situación, siempre bajo una conducta proactiva, asegurándonos que los hábitos que tenemos para pensar y para tomar decisiones sean adecuados, siendo éstos tanto preactivos (es decir: prepararse para los cambios del futuro) como reactivos (buscar la mejor manera de reaccionar) a los procesos de la vida.

Como ciudadanos nuestra brújula para dicho sendero debe ser la de incentivar y promover las libertades individuales, la ética del carácter y el espíritu crítico (que sean éstos cada vez más fuertes, basados en principios y valores morales para contrarrestar y frenar el abuso de poder además que posibilitan mayor dinamismo y flujo de ideas, creatividad e innovación); proteger y defender las libertades individuales y nuestros derechos; apostar por la educación de calidad con integridad para alcanzar el desarrollo; ser solidarios y proactivos con los más débiles frente a la tiranía; mayor descentralización política, administrativa y división de poderes públicos; más libertad económica sumado a un mayor control social a los políticos y a la función pública.

Sobre esto último, en la página 296 y siguientes de mi libro “Los Delitos de Corrupción” (1ra edición, publicada en el año 2011) advierto la necesidad de “reglamentar” las elecciones, sugiriendo algunas políticas de prevención en procesos electorales, como ser: la promulgación de normas de libre acceso a la información en materia electoral, la exigencia de transparencia, seguimiento e investigación de las fuentes de financiamiento de las campañas políticas de todos los candidatos, establecer el delito de “financiación ilegal de los partidos políticos, agrupaciones ciudadanas y pueblos indígenas”; y, también se podría adicionar, la necesidad de que los jefes de campañas deban ser bolivianos sin ningún proceso judicial pendiente ni adolezcan de conductas relacionadas a delitos de corrupción, delitos de lesa humanidad, abuso de poder, que éstas personas si fungieron anteriormente como autoridades o servidores públicos, es necesario que durante su gestión no se hubiera cometido fraude electoral y tampoco tenga cuestionamiento documentado de violación a los Derechos Humanos, afectación a los recursos naturales, destrucción a la biodiversidad y al medio ambiente, máxime si la Constitución boliviana otorga una relevancia importante en este aspecto, previstos en los arts. 8-I (Vivir bien, no seas mentiroso ni seas ladrón, etc.), 30-II num. 10), 33, 34, 80, 111 num. 17, 114, 124 num 2), 340 y siguientes.

Si realmente pretendemos visionar un mejor país es tarea de todos trabajar en los sustratos; en las bases que permitan el desarrollo y la prosperidad con integridad sin olvidar que la ética del carácter es la que permite gestar confiabilidad. Nunca olvidemos que confianza y confiabilidad son la base del liderazgo y son el fundamento de la efectividad verdadera.

De allí nace el título de este artículo (20/20), el cual no se refiere únicamente al año 2020, en realidad alude o insinúa a la prueba de agudeza visual. Cuando un optometrista, después del examen típico visual, señala que se ostenta una visión 20/20 eso significa que se tiene una visión óptima o correcta; y, justamente es eso lo que en verdad necesitamos como pueblo boliviano, tener una visión lo más óptima posible para lograr un mejor país.