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Las palabras y el aliento faltan si de describir los paisajes se trata. Para disfrutar Tailandia, simplemente hay que pisar sus playas, templos y ruinas.

Según datos oficiales, solo en 2018, el país del sudeste asiático recibió a más de 38 millones de turistas, deseosos de admirar sus sitios privilegiados, los colores del agua, sus costas, varias de ellas enlistadas entre las más bellas del mundo, como Maya Bay, en Phi Phi.

Dependiendo de la prioridad (ahorrar o no), las fechas para viajar se ajustan. En el norte y el centro (Bangkok) de Tailandia, la temporada alta va de noviembre hasta abril, con público mayoritario nórdico, australiano, ruso, inglés y, sobre todo, argentino y chileno. 

Otra época cara es entre mediados de julio y mediados de septiembre, por la llegada de europeos, especialmente españoles.

En febrero, el Año Nuevo de los chinos genera una avalancha de visitantes por sus vacaciones.

En esos meses se dificulta encontrar alojamiento barato, pero también escasean los boletos de ferry y tren.

Imperdibles

Hay ofertas turísticas de siete días e incluso de dos semanas para conocer la mayor cantidad de lugares posibles. Es que Tailandia tiene demasiado para ofrecer, no solo en sitios, son famosas la calidez de su gente y la gastronomía.

Entre los ineludibles está Bangkok, con sus lujosas infraestructuras, entre ellas el Palacio Real y los templos del Buda Esmeralda, Buda Reclinado y el Templo del Amanecer. Por la tarde, los anfitriones recomiendan alquilar una barca para explorar los mejores canales y saborear una cena en Chinatown.

Si hay sed de aventura, están las inhabitadas islas Hong, con cuevas, lagunas e impresionantes playas para tomar el sol y hacer snorquel. Y si de contemplar la magia marina se trata, la oferta es amplia, están las playas de Phra Nang Beach en Railay, Phra Nang Beach en Railay, y muchas más.