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Las actividades del Centro Cultural Simón I. Patiño, en Santa Cruz de la Sierra, cerraron oficialmente el 31 de diciembre de 2019. Con ello, también finalizaron las labores de formación que encaró el centro en algunas ramas artísticas. Sin embargo, antes del final de gestión, la directora de la institución, Isabel Collazos, había anunciado la intención de dejar las herramientas y programas exitosos en manos de sus desarrolladores. Ese es el caso de la llamada escuela del cómic, que desde 2016 formó a más de 40 estudiantes.

La idea de impartir clases de dibujo y cómics se fue forjando de a poco y halló cobijo en el centro Patiño, bajo la instructiva de un grupo de jóvenes que había ganado experiencia y capacitación en otros países. Uno de ellos fue Andrés Ibáñez, coordinador de Narrativa Multimedia en el Café Cómic del centro, que al llegar de Argentina quiso compartir lo aprendido y reunió a comiqueros experimentados para crear el Curso Integral de Narrativa Gráfica.

Este curso se inauguró en 2016, con un currículo de materias que se desarrollaba en 18 meses y al finalizar entregaba la titulación de Técnico auxiliar en narrativa gráfica, en convenio con la Facultad de Ciencias del Hábitat, Diseño y Arte, de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno (Uagrm), explicó Ibáñez.

El último grupo de estudiantes se graduó a fines del año pasado y aguarda la publicación del tercer ejemplar de Comunidad de delirios, una publicación que reúne los trabajos que los graduados van desarrollando durante los últimos nueve meses del curso. “La publicación será en marzo”, aseguró el coordinador, que a su vez indicó que esta es la última gestión de la escuela con el centro Patiño.

Continuidad en gestión

Para Ibáñez no está en duda la continuidad del curso; además, ha trazado nuevos objetivos para su funcionamiento. En tanto, junto al Colectivo Paranoia, que reúne a los capacitadores y una comunidad de comiqueros de 60 integrantes, gestiona que el Patiño done la Biblioteca del Cómic que se formó en el centro y las herramientas que se consiguieron para desarrollar el curso, como el laboratorio de computadoras. “Estamos gestionando apoyo para obtener espacio físico y elaboramos un proyecto final para presentar a la Fundación Simón I. Patiño. Después de eso retomaremos las clases y actividades”, aseguró.

Para Ibáñez continuar con el proyecto es imperativo, no solo por el interés que despertó el funcionamiento del espacio desde el inicio, sino porque ahora han ido delineando nuevos objetivos, como la incorporación de cursos de producción de películas animadas y la difusión de historietas.

Sumado a esos objetivos, el colectivo de comiqueros espera consolidar convenios con instituciones y por ello gestiona que la entrega de títulos siga bajo la tutela de una universidad. “Ha habido muchos ofrecimientos y si no logramos que continúe el convenio con la ‘Gabriel’, estaremos analizando a otras casas de estudios superiores”, aseveró.

Dar continuidad al curso, en opinión de Ibáñez, dará la posibilidad a los amantes del dibujo y el cómic de obtener la mejor formación del país. “No existe en el país un pénsum igual. En otras instituciones el plan de estudios es de cinco meses. Nosotros logramos la titulación y la permanencia en aulas durante 18 meses. La antología publicada es otra ventaja para nuestros alumnos”, afirmó.