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Necesitamos puentes

Juan Cristóbal Soruco Hace 1/9/2020 7:00:00 AM

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Como nos ha sucedido en varias oportunidades, el final de un ciclo político y su reemplazo por otro recrean las esperanzas en que es posible construir un país más democrático, con mejores y más sólidas instituciones que permitan que la ciudadanía pueda ejercer sus derechos y cumplir sus obligaciones en un ambiente de libertad.

Pero, a medida que transcurren los días y resurgen los problemas cotidianos, la percepción mágica del cambio va siendo opacada por la dura realidad y si bien el optimismo perdura, hay resquicios por los que se cuelan sentimientos de frustración. Más aún si hay corrientes interesadas en mantener desconfianzas o pescar en río revuelto, que en la administración del Estado perviven estilos autoritarios y hay copamiento de espacios al mejor estilo tradicional.

Añadamos un factor fundamental: han resurgido las divergencias de orden político, social, cultural, económico, regional, que fueron subordinadas ante el objetivo fundamental de expulsar a los gestores del ciclo terminal. Ahora nuevamente están en el tapete de la discusión y nos cuesta aceptar que su existencia es lo que da vida al debate político democrático, cuando esas divergencias se expresan en el marco de la pacífica convivencia ciudadana.

Por lo señalado no deberíamos tener miedo a que en la campaña electoral que se avecina haya varias propuestas de país, porque las podremos comparar. Así, en las elecciones libres, plurales y trasparentes del 3 de mayo próximo nuestro voto podrá favorecer a una de ellas y a su portavoz, y ya no será en contra de...

En ese contexto, el temor de que si se postulan varias candidaturas aumenten las posibilidades de que el MAS pueda ganar es una percepción que no se sustenta en datos concretos, pues revisando los resultados electorales pasados, ese partido perdió la hegemonía de la que gozaba en 2006, y es poco menos que imposible que pueda obtener un resultado como el de aquel año. No hay que olvidar que la posibilidad de una segunda vuelta electoral abre espacio a un realineamiento de fuerzas. Además, una enseñanza que dejó la larga gestión del MAS es que no se debe otorgar a una corriente ideológica y a un líder político el cheque en blanco que la gente dio al MAS y a Evo Morales en tres oportunidades para hacer y deshacer en la administración estatal.

Por otro lado, si el MAS obtuviera una mayoría contundente en las elecciones libres y transparentes del 3 de mayo próximo, las minorías no tienen otra alternativa que reconocer ese resultado y que no tuvieron la capacidad de seducir a la gente con sus propuestas y candidatos.

En ese escenario, más que alimentar temores, debemos ayudar a encontrar coincidencias (que siempre existen) entre las diversas visiones de país, e influir para que se organice una agenda de políticas de Estado que las futuras autoridades electas, hombres y mujeres, lleven adelante.

Conviene recordar que desde 1982 ha habido acuerdos de esta naturaleza, que no afectaron las legítimas divergencias. Más bien, fueron la base de pactos circunstanciales para la administración del Estado, práctica que lamentablemente se distorsionó cuando se impuso la idea de que la política podía ser concebida como un espacio de enriquecimiento, actitud que tiende a reproducirse como se puede inferir de demandas de prebendas incluso antes de establecer alianzas de orden político.

Hay muchos temas pendientes para que, como lo hicimos luego del ciclo militar, podamos enterrar el ciclo autoritario del MAS y Morales. Por eso que no debemos permitir que las legítimas diferencias que han reaparecido al recuperar la convivencia democrática impidan establecer acuerdos de largo plazo. Son parte de la vida democrática de un país.

Para ello, debemos construir puentes que nos permitan eludir los abismos del temor y la intolerancia.