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El azote

 Una vez un ser salvaje golpeó la puerta y rompió con toda la armonía de ese lugar. Su aliento sabía a cebada, sus ojos estaban rojos y se tambaleaba. Su descontrol lo llevó a golpear a su compañera. Y no se detuvo. Pero, ella le puso un freno y huyó con sus tres retoños. Eso sucedió en esa localidad enclavada en la Amazonia bautizada como Reyes. Alcira Drew llegó a Santa Cruz de la Sierra. La primera noche en una ciudad ajena a la suya durmió sobre un colchón con Mirko, Ingrid y Duber. Al menos ya podía respirar placenteramente lejos de las garras de su endemoniado esposo.

El abrazo

 Una vez Duber tenía tres años cuando su mamá escapó del túnel en busca de una luz. Creció y sintió que siempre le faltó algo en su vida. ‘Eso’ era el calor de su padre. Nunca supo de él hasta sus 18 años y cuando ambos conversaron hubo un silencio en el celular. El perdón llegó para la Navidad de 2018. Todos se sentaron alrededor de la mesa y ese monstruo que descargaba su ira sobre ellos había desaparecido para siempre.

Los hilos

Una vez Duber tenía 10 años cuando se interesó por los trapos. Su madre costuraba y la plata que ganaba de sus creaciones era para mantener a sus tres hijos. El pequeño Duber costuraba algunas prendas para sus vecinas y Elena Gonzales, su abuela, le enseñaba a hacer los ojales para los botones de los bolsillos. Ella adoraba tanto a su nieto que creía en él y lo alentaba a ser ‘alguien’ importante en la vida. La artrosis fue mala con la mujer y la arrancó de esta tierra a sus 67 años. Fue un golpe que hizo añicos el corazón de Duber.

 La conexión

Una vez su tía trabajaba en un hotel y llevaba a la casa esas famosas revistas Vogue, Vanity Fair y Vanidades. Duber las hojeaba y terminaba quedándoselas. Veía a Naomi Campbell, Claudia Schiffer y Cindy Crawford y las recortaba. Las pegaba en un cuaderno de 100 hojas que pronto se llenó de fotografías de prendas, muebles, paisajes y otras cosas que le llamaban la atención. Así comenzó el coqueterío con la moda. Y duró para siempre.

El molde

Una vez Duber miró un programa de estilos y tendencias de la moda. Alimentaba su creatividad con el desfile de las estrellas en los premios Óscar y en los Globos de Oro. A sus 19 ingresó a estudiar Diseño de Modas, pero a los ocho meses lo abandonó. El prejuicio de sus amigos y de su hermano influyó en esa decisión. “Esa carrera es para mujeres, no para hombres”, le decían. “Pero la moda ya era parte de mí”, responde. En la universidad concluyó Marketing y Publicidad. Pronto, su talento lo llevaría a sentir la fama.

La osadía

Un día Duber era muy flaco. Y eso lo traumó. Era un ‘alambre’ y el bullying caía sobre él. Hace unos años decidió combatirlo y se metió de lleno al gimnasio. Hoy, cualquiera, puede lavar su ropa en su abdomen. Sus músculos lo llevaron a la televisión y así exploró el mundo del modelaje. Fue en 2018 cuando comenzó a tejer su futuro. Trabajó como productor de modas en el Flambury Fashion Day y desde ahí no se detuvo. Su trabajo se ve reflejado en grandes producciones fotográficas y él estuvo detrás de las sesiones de la elección de la azafata EL DEBER 2019 y de la chica Calendario EL DEBER 2020. Su pasión, su ‘buen gusto’ y su disciplina lo han llevado a crecer cada día. Pero, él cree que hay muchos celos en la capital de la moda, como llama a la metrópoli oriental. “El reconocimiento es como una libido bastante codiciada por todos y se puede volver un vicio. La gente no quiere creer en talento nuevo y le da más crédito a los que son de su compadrerío”, explica. Un día Duber Vargas Drew (él usa el apellido de su madre en primer lugar) llegó a cumplir 28 años. Ha madurado. Y es el beniano que seguirá hilvanando mejores días.